Desde el final de la Guerra Fría, Europa ha intentado varias veces construir grandes programas militares conjuntos capaces de rivalizar con los de Estados Unidos, casi siempre chocando con intereses nacionales, culturas industriales distintas y, por supuesto, egos tecnológicos difíciles de encajar. Cada generación de cazas ha prometido más integración y menos dependencia externa.
Pocas han logrado cumplirlo, y ahora no iba a ser menos.
El sorpasso que no fue. El FCAS nació como una ambición estratégica de gran calibre: Francia, Alemania y España acordaron impulsar un sistema aéreo de combate de nueva generación para adelantarse a Estados Unidos y reducir la dependencia europea de cazas estadounidenses, con el omnipresente F-35 en todos las quinielas.
Era un intento explícito de sorpasso tecnológico, industrial y político frente a Washington. Hoy, ese proyecto de más de 100.000 millones de euros se tambalea hasta el punto de amenazar con el resultado opuesto: que Europa siga comprando F-35 y que España acabe reforzando una flota estadounidense justo cuando había apostado por una alternativa propia.
Dassault, la constante. Aquí surge un actor con nombre propio que lo ha puesto todo patas arriba. El principal bloqueo no proviene de Berlín ni de Madrid, sino de una constante histórica en la industria militar francesa: Dassault Aviation.
Recordaba el Financial Times esta mañana que la compañía, controlada por la familia Dassault desde hace generaciones, ha demostrado una y otra vez que su prioridad es mantener el control absoluto del diseño y la producción de los cazas franceses. Ya lo hizo en los años ochenta abandonando el Eurofighter, y hoy repite el patrón en el FCAS, negándose a ceder liderazgo técnico o aceptar una gobernanza compartida con Airbus.

Dassault Rafale
Un proyecto roto desde dentro. Además, el FCAS se diseñó como un sistema integrado: un caza tripulado, enjambres de drones, armas avanzadas y redes de comunicación, con Dassault liderando el avión y Airbus el resto.
Ese equilibrio saltó por los aires cuando comenzaron las disputas sobre especificaciones, reparto de trabajo y control industrial. Francia quería un avión más ligero y navalizable, Alemania otro más pesado y polivalente. Las diferencias técnicas encubrían un choque posiblemente más profundo: quién es el que manda realmente en el corazón del sistema.
Francia no manda tanto como parece. Aquí aparece otro quid para entender el entuerto: aunque el Estado francés es el principal cliente de Dassault y controla las exportaciones, su capacidad real para imponer decisiones es limitada. Sí, la empresa ha sobrevivido a intentos de nacionalización, presiones políticas y proyectos de fusión durante décadas, siempre priorizando independencia y control.
De ahí que hayan pasado presidentes y cambiados ministros, pero Dassault permanece igual. El presidente Emmanuel Macron ha intentado rescatar el FCAS en múltiples rondas diplomáticas, pero su margen de maniobra se ha reducido conforme se acerca el final de su mandato.
España, atrapada en el daño colateral. La nación española entró en el FCAS como socio convencido de que el proyecto le permitiría romper la dependencia tecnológica de Estados Unidos.
Ese acuerdo con Alemania y Francia implicaba renunciar a corto plazo al F-35 estadounidense a cambio de un futuro europeo propio. Si ahora el FCAS acaba fracasando como parece y España termina recurriendo otra vez a los cazas estadounidenses, la ironía es amarga: porque la culpa no estaría en Washington, sino en “casa” de un aliado.
El desenlace que nadie quería admitir. Como contamos ayer, con el proyecto encallado, Alemania ya desliza que podría ir por su propia cuenta o buscar otros socios, mientras Francia protege a su campeón nacional.
Desde ese prisma, el FCAS se ha convertido en lo más parecido a una prueba fallida de la credibilidad europea en defensa común. Para España, el riesgo ahora es doble: perder años apostando por un programa bloqueado de miles de millones de euros y verse obligada a volver a tocar en la puerta de Washington, aunque ahora con menos margen político y peores condiciones.
El sorpasso europeo tendrá que esperar y por ahora se diluye, y el viejo equilibrio atlántico vuelve a imponerse, esta vez no por falta de ambición, sino por exceso de control.
Imagen | José Luis Celada Euba
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La noticia
España acordó con Alemania y Francia un sorpasso a EEUU. Y va a terminar con una flota de F-35 por culpa de un nombre francés
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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