Lo primero es el mensaje.
Una corriente eléctrica que cruza el cerebro.
Y todo se desencadena.
El cerebro manda la señal: más madera para la locomotora.
El sistema nervioso ejecuta la orden. Más fibras y más fibras rápidas se ponen en marcha. Los músculos reclaman más energía. El ritmo cardíaco sube. El corazón bombea más sangre. Con la sangre llega el oxígeno. Y los cuádriceps, los isquios, los gemelos se transforman en la biela de acoplamiento de la locomotora.
Pum. Pum. Pum. Arriba y abajo.
A Johannes Klæbo sólo el faltaba echar vapor la cabeza.
Su motor ya parecía funcionar a pleno rendimiento cuando descargó la tormenta. Cuán equivocados estábamos. Quedaba por ver cómo aplastaba el suelo con los esquíes con la frecuencia de quien huye del enemigo pero la rabia de quien lo aplasta. Con la determinación de quien sabe que está haciendo historia.
Una cifra aplastante
Tres minutos y 40 segundos para cubrir mil metros.
Nada demasiado especial. Si hablamos de calzarse unas zapatillas y golpear el asfalto. Muy distinto cuando te pones unos esquíes, te plantas frente a una cuesta y alcanzas picos de 18 km/h para destrozar a los rivales.
De esta guisa rompió Johannes Klæbo la carrera de esquí de fondo en distancia sprint.
3’39″74
Menos de 220 segundos para cubrir una distancia de 1.585 metros subido a unos esquíes. Donde claro que se baja, pero donde también hay que subir. Klæbo se dejó ir en los metros finales disfrutando de su aplastante superioridad como ya lo hiciera de Usain Bolt en Pekín en 2008. Como disfrutara Remco Evenepoel con la Torre Eiffel a sus espaldas en 2024.
O como repite una y otra vez Tadej Pogacar, el deportista con el que más se le compara por su dominio.
Johannes Klæbo nació en Trondheim (Noruega) en 1996. En octubre hará 30 años. Para entonces, es seguro, podrá mostrar en el salón de su casa 15 medallas de oro acumuladas en Mundiales. En la otra pared destacarán sus nueve medallas de olímpicas, siete de ellas de oro. Quien sabe si le acompañarán otras cuatro más como ya hiciera en el Mundial de Trondheim 2025, su casa.
Porque después del oro en la prueba de velocidad y en la de skiathlon 10+10 kilómetros, el noruego puede convertirse en el deportista olímpico de invierno con más medallas de oro de la historia.
En estos momentos, el reinado lo tienen otros dos noruegos. Marit Bjoergen, fondista, es la persona con más medallas olímpicas en unos juegos de invierno con ocho oros, cuatro platas y tres bronces. Le sigue Ole Einar Bjoerndalen, biatleta, con otros ocho oros, cuatro platas y dos bronces. De conseguir sus seis oros en estos Juegos Olímpicos de Milano Cortina 2026, Klæbo se quedaría en 13 medallas pero el peso de 11 oros lo elevarían a un nuevo nivel. De momento, ya lleva siete.
El esquiador noruego es una de esas fuerzas de la naturaleza que domina cualquier registro de distancia y tipo de carrera dentro de su deporte. Como Pogacar, Armand Duplantis o Kilian Jornet, es uno de los elegidos. Uno de esos deportistas que pasan a la historia. Deportistas que no solo ganan, aplastan cualquier tipo de insurrección. Y lo más meritorio, lo convierten en un espectáculo.
Johannes Klæbo, además, forma parte de una generación de deportistas noruegos que están rompiendo con lo establecido.
Jakob Ingebrigtsen es el resultado de un padre que trabajó de manera obsesiva con sus tres hijos popularizando el entrenamiento de doble umbral. Karsten Warholm fue el primer hombre en romper la barrera de los 46 segundos en el 400 metros vallas. Kristian Blummenfelt es campeón del mundo de triatlon, campeón olímpico y campeón del mundo en distancia Ironman. Johannes Thingnes Bø, biatleta, se retiró recientemente con cinco medallas de oro olímpicas, dos de plata y dos de bronce. Magnus Carlsen es otro de esos genios cuyo techo, quizás, solo se lo puede poner «El Mundo».
Foto | Olympics
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La noticia
A 3’40/km, cuesta arriba y con esquís: Johannes Klæbo, la locomotora humana que ha dinamitado el esquí de fondo
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alberto de la Torre
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