Abandoné el iPhone Air por un detalle que parece una tontería. Pero intentar enfocar de cerca sin este sensor ha podido con mi paciencia

Abandoné el iPhone Air por un detalle que parece una tontería. Pero intentar enfocar de cerca sin este sensor ha podido con mi paciencia

Llevo con iPhone Pro desde que la gama Pro existe como tal. No lo digo para presumir de nada, sino porque es el contexto que explica lo que vino después: cuando llevas tanto tiempo con el mismo tipo de iPhone, empiezas a dar por sentadas cosas que en realidad no son estándar. El LiDAR es una de ellas. Está ahí desde el iPhone 12 Pro, en todos los modelos Pro sin excepción, haciendo su trabajo sin que nadie le preste demasiada atención. Yo desde luego no se la prestaba.

Pero este año hice algo que no había hecho antes: dejé el iPhone 17 Pro Max en un cajón durante semanas y viví exclusivamente con el iPhone Air. Ya os conté cómo fue esa experiencia, la batería que pedía cuerda varias veces al día, lo que se siente cuando el iPhone casi desaparece entre los dedos, por qué me costó tanto volver… Pero me faltaba contaros lo que terminó de decidirlo. No fue la batería. No fue la cámara. Fue un sensor del que no había escrito ni una palabra en todo ese tiempo, precisamente porque hasta ese momento no había tenido ningún motivo para hacerlo.

Un sensor que está haciendo su trabajo con la cámara todo el tiempo

El LiDAR es uno de esos componentes que Apple lleva años metiendo en los iPhone Pro sin que casi nadie hable de él en el día a día. Es ese sensor pequeño, discreto, que se esconde junto a las lentes traseras y que la mayoría de la gente no sabría señalar si le preguntaran. Yo mismo, en mi último análisis fotográfico comparando el Air con el Pro Max, no lo mencioné ni una vez. Porque en el día a día cotidiano, haciendo fotos de lo que hace todo el mundo, no le das demasiada importancia. 

Lo que hace un LiDAR es medir distancias lanzando pulsos de luz infrarroja y construyendo un mapa de profundidad del espacio que tienes delante. Eso le da al iPhone una información que el sistema de enfoque tradicional no tiene: sabe exactamente a qué distancia está cada cosa, y puede enfocar con una precisión y una velocidad que sin ese mapa simplemente no es posible. 

El resultado más visible está en situaciones con poca luz o cuando te acercas mucho a algo: el enfoque es más rápido, más seguro, más estable. El iPhone Air, con todo lo que tiene, no lo lleva. Y durante semanas eso no me importó lo más mínimo.

Lo que pasó para que me diese cuenta

Me acababa de mudar a un piso de obra nueva. Y como cualquiera que haya pasado por eso sabe, lo primero que toca es documentarlo todo antes de meter la mudanza: cada picotazo en el suelo, cada mancha en la pared, cada detalle en la ducha que no está como debería. Fotos y vídeos acercándote, alejándote, mostrando contexto y luego el detalle, para que quede claro que la casa llegó así y no fue cosa tuya.

Me peleé con el enfoque durante días sin entender bien por qué. Pulsaba para enfocar, me movía ligeramente de plano y el iPhone perdía el punto. Me acercaba a un detalle pequeño y tardaba, dudaba, a veces no terminaba de decidirse. En el fragor de la mudanza y con la constructora esperando las fotos, lo achaqué al estrés, a la luz, a que me movía demasiado. Hasta que un día caí: el iPhone Air no tiene LiDAR

Usa un sistema de enfoque tradicional, y en esas condiciones, con sujetos cercanos y detalles pequeños, simplemente no llega al mismo sitio. A partir de ahí la decisión fue bastante rápida.

El iPhone Air no tiene la culpa, pero tampoco tiene el sensor

Quiero ser justo con esto, porque el iPhone Air es un iPhone extraordinario y no me parece bien «colgarlo» por algo que es una decisión de diseño consciente, no un descuido. Apple ha construido el iPhone más fino de su historia metiendo lo que tenía que meter y dejando fuera lo que no cabía o no encajaba con lo que querían conseguir. El LiDAR es uno de esos recortes, y en el 90% de los usos fotográficos del día a día, como ya conté en el análisis de cámaras, no se echa en falta.

El problema es el otro 10%. Que es exactamente el 10% en el que yo vivo cuando tengo el iPhone en la mano con intención de documentar algo en condiciones exigentes. Y eso no es culpa del iPhone Air, es simplemente que ese iPhone no es para mí, algo que ya sabía antes de empezar y que la mudanza se encargó de confirmar de la forma más práctica posible.

Cuándo el LiDAR marca la diferencia y cuándo da igual

Para la mayoría de las fotos del día a día, el LiDAR es invisible. El café del domingo, el paisaje en el paseo, la foto de grupo… En todo eso el sistema de enfoque del iPhone Air funciona perfectamente y el resultado es indistinguible. Nadie mira esas fotos y piensa que falta algo.

Donde aparece la diferencia es en situaciones concretas: poca luz con sujetos cercanos, vídeo en movimiento cuando cambias de plano rápido, de algo cercano a otra cosa lejana. Escenas donde el iPhone tiene que decidir en un segundo a qué distancia está lo que importa. 

Ahí el mapa de profundidad del LiDAR le da al Pro una ventaja que se nota en la fluidez del enfoque, en que no duda, en que no se pierde. También en la app Medidas, en experiencias de realidad aumentada, en todo lo que implica que el iPhone entienda el espacio físico que tiene delante con más precisión. Y cada vez más, con la inteligencia artificial entrando en todo lo que grabamos y compartimos, tener un sensor que construye ese mapa en tiempo real va a importar más, no menos.

El problema de acostumbrarse a algo que no sabes que tienes

Esto es lo que me ha quedado dando vueltas desde que volví al Pro. No es que el LiDAR sea imprescindible para todo el mundo, es que cuando lo tienes desde hace años no sabes que lo tienes. Se vuelve parte del funcionamiento normal de la cámara del iPhone. Y solo cuando desaparece entiendes lo que estaba haciendo.

El LiDAR llegó con el iPhone 12 Pro. Estamos a punto de llegar al iPhone 18 Pro. Son muchas generaciones reservando este sensor para la gama Pro. A estas alturas, hay algo en lo que me resulta difícil no pensar: enfocar bien, rápido y con precisión no debería ser un privilegio Pro. Es una función básica de cualquier cámara, y el LiDAR lleva años siendo la razón por la que los iPhone Pro la resuelven mejor que nadie. Ojalá el iPhone Air 2 o el iPhone 18 cambie eso. Porque estos iPhone se merecen no tener ningún asterisco.

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Abandoné el iPhone Air por un detalle que parece una tontería. Pero intentar enfocar de cerca sin este sensor ha podido con mi paciencia

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por

Guille Lomener

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