Antes de convertirse en una de esas empresas que asociamos casi automáticamente con la creatividad digital, Adobe tuvo una obsesión mucho más concreta y menos brillante a simple vista: la impresión. No hablamos de retocar fotografías, montar vídeos o abrir documentos PDF con la naturalidad con la que lo hacemos hoy, sino de atacar una dificultad básica en apariencia y enorme en la práctica. En los primeros años de la informática personal, lograr que lo que se veía o se diseñaba en un ordenador saliera bien en papel no era algo garantizado. La historia de Adobe empieza precisamente en ese punto: con PostScript, un lenguaje pensado para describir cómo debía verse una página impresa.
La dificultad estaba en que aquella cadena era mucho más frágil de lo que hoy podemos imaginar. Lemelson-MIT recuerda que, en ese momento, los ordenadores personales empezaban a llegar al mercado y las impresoras disponibles eran, en muchos casos, de matriz de puntos, con resultados de muy baja calidad. Para trabajos realmente profesionales, la alternativa pasaba por equipos de composición que podían superar los 150.000 dólares de aquel entonces y exigían procesos laboriosos. Entre un extremo y otro había un vacío evidente: faltaba una forma más flexible, fiable y accesible de llevar páginas complejas al papel.
El problema no era crear imágenes, era conseguir que salieran igual en papel
La siguiente pieza de la historia aparece en el célebre Xerox PARC, donde la impresión láser ya era una realidad de laboratorio, aunque todavía llena de límites. Aquellas primeras máquinas estaban controladas por Press, un protocolo que funcionaba bien con letras e imágenes simples, pero que se atascaba con proyectos exigentes. Un miembro de aquel equipo llamado John Warnock se encontró una y otra vez con el mismo mensaje, “Página demasiado compleja”, y aquello no fue una anécdota menor. Su respuesta fue pensar en una arquitectura capaz de hacer justo lo contrario: imprimir cualquier página.
Esa idea no nació de la nada. Antes de llegar a Xerox, Warnock había trabajado en Evans & Sutherland, donde participó en un proyecto muy ambicioso para la New York Maritime Academy: un simulador del puerto de Nueva York con edificios, muelles, boyas, clima cambiante y otros barcos generados por ordenador. Aquel sistema debía construirse sin saber todavía en qué hardware concreto acabaría funcionando, así que el equipo optó por crear un lenguaje no ligado a una máquina específica. De ahí salió una lección decisiva: el software independiente del dispositivo daba mucha más flexibilidad.

John Warnock, a la izquierda, y Charles Geschke, a la derecha, fundadores de Adobe
Con ese aprendizaje encima, Warnock volvió a encontrarse con un problema parecido en Xerox, pero ahora aplicado de lleno a la impresión. La compañía usaba esquemas distintos según la impresora, hasta el punto de que sus estaciones Star soportaban una carga creciente por tener que comunicarse con cada modelo de una forma diferente. Warnock y un grupo dirigido por Charles Geschke trabajaron entonces en Interpress, un lenguaje estándar e independiente del dispositivo para las impresoras láser de Xerox. El avance existía, pero chocó con una decisión empresarial: Xerox lo adoptó hacia dentro y no quiso abrirlo al mercado.

LaserWriter de Apple
La salida llegó en 1982, cuando Warnock y Geschke dejaron Xerox PARC y fundaron Adobe. Lemelson-MIT cuenta que su primera idea no era exactamente convertirse en la compañía de software que acabaría marcando la autoedición, sino montar un servicio de impresión para empresas y consumidores. Ese plan cambió cuando sus asesores financieros les animaron a orientarse hacia el desarrollo de software. Ahí PostScript empezó a tomar su forma decisiva: no como una solución cerrada para una sola máquina, sino como un lenguaje portable que los fabricantes pudieran integrar en sus propios dispositivos.
Una de las piezas decisivas para que aquella tecnología saltara del laboratorio al mercado apareció en Apple. IEEE Spectrum explica que Steve Jobs tenía un problema muy concreto: el Macintosh avanzaba, pero sin una impresora de calidad difícilmente podía entrar en el mundo empresarial. Las impresoras de margarita no servían para los gráficos del Mac y Apple no llegaba a tiempo con una solución propia de alta calidad. Adobe estaba construyendo una respuesta. A finales de 1983, Adobe firmó un acuerdo con Apple y, en enero de 1985, PostScript apareció por primera vez en la LaserWriter.
Visto desde hoy, lo interesante es que Adobe no empezó por la parte más reconocible de su historia actual, sino por una capa que casi siempre damos por hecha. Desde luego que Illustrator, Acrobat, Photoshop y Premiere son parte de una expansión posterior, pero el punto de partida fue otro: PostScript y la promesa de que texto, imágenes y gráficos pudieran llegar al papel con fidelidad. Ahí estuvo la verdadera intuición inicial. Antes de hacerse reconocible por sus herramientas creativas, Adobe encontró su lugar resolviendo una tarea discreta, pero decisiva: que lo creado pudiera imprimirse bien.
Imágenes | Adobe (1, 2) | Xataka con Nano Banana
–
La noticia
Adobe no nació con Photoshop. Empezó resolviendo un problema enorme y poco vistoso: imprimir bien
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Marquez
.







































