
Si todo va bien, Artemis II podría lanzarse el próximo 1 de abril con rumbo a la Luna. Será la primera vez que una nave tripulada viaje a nuestro satélite en más de 50 años y, si bien en esta ocasión no habrá alunizaje, la cápsula con 4 astronautas a bordo hará un sobrevuelo lunar, que será el punto álgido de un viaje espacial de 10 días. Una semana y media durante la que, lógicamente, la tripulación tendrá que asearse y hacer sus necesidades. ¿Pero cómo se va al baño en el espacio? Por suerte, la cápsula tendrá una comodidad que no tenían en el programa Apolo.
Un váter.
La complicada misión de ir al baño. Desde el Apolo 10, en 1969, hasta el Apolo 17, en 1972, fueron un total de 12 los astronautas que viajaron con rumbo a la Luna. En ese tiempo, su único aseo eran unas pocas toallitas húmedas. Para orinar utilizaban unos dispositivos similares a preservativos que se cambiaban a diario. Cuando llegaba el momento de evacuar, se conectaban a una bolsa, con una especie de manguera. No era un sistema muy eficiente y a menudo había escapes. Tampoco existía sistema adaptado a la anatomía femenina, pues todos los astronautas eran hombres.
Las aguas mayores. En cuanto a las heces, se usaba una bolsa que se pegaba a las nalgas. Algo bastante parecido a un pañal, pero con un compartimento para meter las manos y usar papel higiénico. De nuevo, podía haber escapes. De hecho, existe una transcripción de un astronauta del Apolo 10 en la que pedía una servilleta para recoger un fragmento de heces que estaba flotando en el aire.
Una vez que se conseguían pescar (a veces literalmente), las bolsas se guardaban y almacenaban para su análisis en Tierra. A todo esto se suma que los astronautas no disponían de la más mínima intimidad para ir al baño en el espacio. La experiencia, y sobre todo el olor, no debían ser nada agradables.
El sistema de recogida de orina de las misiones Apolo era muy rudimentario.
Coste de oportunidad. Tanto si es por higiene personal como por orinar o defecar, ir al baño en el espacio supone dos complicaciones importantes. Por un lado, la microgravedad impide que lo que debe caer por su propio peso lo haga. Volvemos al problema de las heces flotando del Apolo 10.
Por otro lado, hace falta agua. Transportar las cantidades suficientes de agua al espacio supondría un exceso de carga en las naves espaciales. Además, precisamente por la microgravedad, esta se movería libremente, de manera que podrían mojarse y dañarse algunos de los muchos dispositivos que existen en el pequeño habitáculo que supone una cápsula como la Orión de Artemis II. Por eso, el uso de agua se reduce al mínimo y se buscan métodos que permitan vencer a la microgravedad en la medida de lo posible.
El váter de Artemis II. En Artemis II los astronautas usarán jabón líquido y champú sin enjuague, así como cantidades muy pequeñas de agua que se pueden secar inmediatamente con toallas. En cuanto a lo más difícil, la cápsula Orión dispone de un sistema parecido al que se emplea en la Estación Espacial Internacional.
Se trata de un contenedor con una manguera conectada a un embudo por el que baja la orina gracias a un sistema de succión de aire. Cada astronauta tendrá su manguera y, dado que en la tripulación hay tres hombres y una mujer, se adaptará a la anatomía tanto masculina como femenina, según sea necesario
Dónde va todo eso. Una vez recogida la orina, se libera en el espacio. Con respecto a las heces, también se recogen por succión y se almacenan en unas bolsas selladas que viajarán a la Tierra en el viaje de vuelta. Lo mejor de todo es que este sistema está aislado, de tal manera que los astronautas pueden hacer sus necesidades a solas.
Hay una cortina que se puede retirar si necesitan más espacio y una puerta en el suelo de la cápsula que les permite la intimidad que tanto ansiarían en las misiones Apolo.
Imagen | NASA
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La noticia
Artemis II hará que el Apolo que nos llevó a la Luna parezca una infravivienda espacial: tendrá hasta váter privado
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
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