Realizar experimentos en el espacio es complicado. No abundan los recursos y mucho menos los sujetos de estudio. Por eso, a veces estos deben ser los propios experimentadores. Es justamente lo que tendrán que hacer en los próximos 10 días los tripulantes de Artemis II si todo sale bien. Una de sus misiones será realizar experimentos sobre cómo afectan las condiciones del espacio exterior a la salud humana. Y lo comprobarán sobre sí mismos.
Antecedentes. Es bien sabido que las estancias en el espacio, por cortas que sean, pueden afectar a la salud humana. No hay más que ver el reciente ejemplo del astronauta que perdió el habla en la Estación Espacial Internacional (EEI) por causas aún desconocidas. Por este motivo, buena parte de los experimentos que se llevan a cabo en estas instalaciones van dirigidos justo a eso: analizar cómo afectan cuestiones como la microgravedad, el aislamiento o las radiaciones cósmicas a la salud humana. Se han hecho descubrimientos interesantes, pero la realidad es que no es lo mismo llevar a cabo los experimentos en la órbita terrestre baja, donde está la EEI, que en la Luna.
Una misión para protegerlos a todos. Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen tendrán varias misiones en sus 10 días de viaje. Para empezar, tendrán que probar el buen funcionamiento de la nave y su viabilidad para el alunizaje que se llevará a cabo en Artemis III. También realizarán fotografías de la cara oculta de la Luna y otras mediciones de interés científico. Y, finalmente, servirán de sujetos de estudio en una serie de experimentos sobre los efectos del espacio en la salud humana. Esta vez sí: más lejos de la órbita terrestre baja.
Sueño espacial. El primer estudio que realizarán en este sentido será ARCHeR, un conjunto de experimentos dirigidos a analizar cómo afecta el espacio a factores como el sueño, el estrés, la cognición y el trabajo en equipo. Para monitorizarlo, llevarán pulseras de actividad, cuyas mediciones se sumarán a las tomadas en Tierra tanto antes como después de la misión. El conjunto de toda esta información será muy útil para comprender cómo afectan el aislamiento y el estrés de una misión como esta a la mente de los astronautas.
Salud inmunitaria. En la Estación Espacial Internacional se ha comprobado que es más probable que algunos virus, como el de la varicela zóster, salgan del estado de latencia. Se trata de virus que el sistema inmunitario no es capaz de eliminar por completo, sino que quedan latentes en el organismo. En el caso del varicela zóster, por ejemplo, se quedan en los nervios, sumidos en una especie de letargo del que puede que no salgan nunca. Si lo hacen, suele ser por una bajada de defensas. Por eso, se cree que el espacio podría afectar al sistema inmunitario. Para comprobarlo, los tripulantes de Artemis II se tomarán muestras de saliva húmeda y sangre antes y después de su viaje. También tomarán muestras de saliva seca durante el tiempo que dura la misión.

Astronauta depositando muestra de saliva seca
La saliva seca se obtiene depositando la muestra en unas hojas de papel específico para ello. No vale un papel cualquiera. Es la mejor forma de guardar muestras de saliva en el espacio, donde no se pueden refrigerar con normalidad. Una vez que se analicen todas las muestras, el objetivo será estudiar los niveles de biomarcadores inmunitarios en busca de posibles declives causados por el espacio.
Astronautas virtuales para examinar la radiación. También es importante comprobar cómo afecta la radiación a la salud de los astronautas. En viajes como este, no saldrán de la nave, que dispone de los escudos adecuados para que la radiación no les cause daños. Sin embargo, en futuros alunizajes, especialmente si se establecen bases lunares, sí que podría darse esa temida exposición a la radiación. Para estudiar cuáles serían los efectos y diseñar sistemas de protección eficaces, se ha puesto en marcha AVATAR, un experimento que consiste en fabricar un astronauta virtual por cada uno de los miembros de la tripulación.
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Médula ósea artificial
Todos ellos han proporcionado muestras de células de su médula ósea que se han cultivado en un chip del tamaño de una memoria USB. Así, se ha obtenido una pequeña médula ósea artificial con las características de cada uno de ellos. Estas sí que se expondrán a la radiación mientras que los astronautas siguen a salvo. Dado que es una parte del cuerpo en la que hay muchas células en división, es especialmente susceptible a la radiación. Por eso, se puede ver mucho mejor cuáles serían los efectos. Además, se pueden comparar con las muestras de células tomadas de los propios astronautas una vez que vuelvan de la misión.
Medidas para el futuro. Todos estos experimentos servirán para proteger mucho mejor a los astronautas que viajen a la Luna en el futuro. Por ejemplo, se podrían buscar medidas para atajar sus problemas de sueño o trajes que protejan mejor de la radiación. Además, gracias al sistema AVATAR, se podrían enviar los chips antes de que los astronautas vayan al espacio. Así, se comprobarían los efectos específicos sobre su salud y se diseñarían botiquines adecuados para cada uno de ellos. Todo esto será posible gracias a que Wiseman, Glover, Koch y Hansen actuarán simultáneamente como científicos y modelos de estudio.
Imágenes | NASA | Emulate | Freepik
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La noticia
Así experimentarán consigo mismos los astronautas de Artemis II: de astronautas virtuales a saliva en trozos de papel
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
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