
Si pensamos en la tecnología que más ha transformado a la humanidad, es fácil que nos vengan a la mente la rueda, la máquina de vapor o el microchip de manera más actual. Sin embargo, hay una «tecnología» mucho más antigua y fundamental que, literalmente, cambió nuestra anatomía: la cocina.
La evolución. Durante décadas, los paleoantropólogos han debatido en qué momento exacto nuestros antepasados dejaron de consumir alimentos crudos para empezar a procesarlos mediante el control del fuego. Las evidencias más recientes no solo reescriben nuestra cronología, sino que confirman que dominar la cocina fue el verdadero motor de la evolución humana.
Cómo se sabe. Fechar algo tan preciso como el inicio de la cocina, pero la realidad es que hasta hace poco, las pruebas indiscutibles del uso continuado del fuego para cocinar rondaban los 600.000 años de antigüedad. Sin embargo, un gran hallazgo publicado en la prestigiosa revista Nature en 2022 retrasó este reloj evolutivo.
En este caso fue en el yacimiento de Gesher Benot Ya’aqov, en Israel, se encontraron restos de dientes de grandes carpas. Con estas muestras y a través de técnicas avanzadas como la difracción de rayos X, los investigadores demostraron que estos restos habían sido expuestos a temperaturas controladas y relativamente bajas al ser inferiores a 500 °C.
La primera fecha. Con estas pruebas parecía bastante claro que no fue un incendio fortuito, sino que se fechó que hace 780.000 años se comenzó a cocinar a estos animales. Esto es algo que concuerda con el hecho de que los cazadores-recolectores achelenses ya explotaban los hábitats acuáticos, seleccionaban pescado rico en nutrientes y lo cocinaban en lo que los arqueólogos denominan «hogares fantasma», que eran zonas de fuego estructuradas.
Otra hipótesis. Aunque la evidencia directa nos apuntaba a estos 780.000 años, las pistas biológicas sugieren que la revolución culinaria comenzó mucho antes. Esto es lo que apuntó el primatólogo Richard Wrangham, en su libro Catching Fire y en estudios posteriores publicados en Current Anthropology, proponiendo que la cocción sistemática surgió con el Homo erectus hace aproximadamente 1,9 millones de años.
Sus argumentos. Para poder dar esta fecha, este experto se centra principalmente en la eficiencia energética, puesto que apunta a que cocinar predigiere los alimentos, rompiendo fibras y almidones. Esto permite obtener muchas más calorías con un esfuerzo mínimo. Pero lo más relevante es que al facilitar la digestión, el Homo erectus ya no necesitaba un tracto intestinal masivo para procesar vegetales duros y crudos.
Y aquí el tamaño importa, puesto que el tejido intestinal y el tejido cerebral son energéticamente muy costosos, y entonces, al encoger el intestino, la energía sobrante pudo redirigirse al crecimiento de un cerebro mucho más grande y complejo. Pero esta dieta más blanda también explica por qué los molares del Homo erectus se redujeron y sus mandíbulas se volvieron menos prominentes.
Más allá de la nutrición. La implementación de la cocina no solo trajo beneficios anatómicos, sino que los estudios apuntan a que en el caso de los primeros homínidos, esto fue fundamental para asar carne cruda y matar a las bacterias que había en su interior.
Pero además, el control del fuego y la capacidad de procesar alimentos fueron herramientas clave que facilitaron la migración humana. En reevaluaciones de yacimientos clásicos, como las cuevas de Zhoukoudian en China, confirman que el Homo erectus pekinensis usaba fuego controlado para cocinar carne de cérvidos en estratos específicos, demostrando que esta práctica fue fundamental para adaptarse a climas más fríos fuera de África.
Imágenes | Michael Lock
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La noticia
Creíamos que tardamos mucho en aprender a cocinar. Hasta que unos dientes de carpa de hace 780.000 años reescribieron la historia
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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