
Cuando en 1904 Edward William Nelson identificó los primeros conejos de Omiltemi, no sabía que aquella iba a ser uno de los últimos avistamientos confirmados del que, durante décadas, se ha considerado uno de los mamíferos más amenazados del mundo.
El bicho. Se trataba de un conejo grande, nocturno, con el pelo rojizo oscuro, las orejas largas y la cola corta. Pero no se sabía mucho más porque los zoólogos habían fracasado reiteradamente en encontrarlo y estudiarlo.
Y, sin embargo, si les hubieran preguntado a los habitantes de la Sierra Madre del Sur (en el estado mexicano de Guerrero), habrían podido añadir una cosa más: que están bien ricos. Porque mientras los científicos buscaban a estos bichos, los vecinos los cazaban e integraban en su dieta habitual.
¿Dónde está esos conejos? No debemos de caer en simplificaciones, desde 1998 ya sospechábamos que el conejo seguía vivo y estaba allí. Ese año, unos cazadores locales entregaron a investigadores la piel de un ejemplar abatido: es decir, teníamos una prueba física de que la especie seguía existiendo.
Por eso, la especie no estaba oficialmente extinta; lo que aparecía en las listas de especies es que no teníamos datos suficientes como para saber qué pasaba con ella. Ahora, tras una larga investigación con trampas y muestreos, sí los tenemos.
No estaba muerto… Entre 2019 y 2024, un equipo liderado por José Alberto Almazán-Catalán (el Instituto para el Manejo y Conservación de la Biodiversidad) llevó a cabo una búsqueda específica del conejo en el marco del programa Search for Lost Species de Re:wild. Visitaron 10 áreas y obtuvieron registros en 7 de ellas.
La conclusión de este trabajo (y cito textualmente) es que el conejo de Omiltemi «es una especie rara, pero no solo no está extinta, sino que es bastante más común de lo que se creía». Los datos coinciden con el material gráfico que Fernando Ruiz-Gutiérrez publicó en la Revista Mexicana de Mastozoología.
¿Y entonces? Pues que aunque la situación no ha cambiado, sí que ha puesto en evidencia todo aquello que no sabemos. Ahora es evidente que la distribución alcanza una zona hasta tres veces más grande de la que se sospechaba. También lo es que, sin sospecharlo, las comunidades de la zona llevan décadas cazando (e incluso criando) estos conejos sin saber que eran conejos de Omiltemi.
Y no deja resultar curioso cómo este tipo de noticias ayuda a dejar claro lo poco que sabemos sobre el mundo que nos rodea. La iniciativa Search for Lost Species de Re:wild ya ha ‘recuperado’ 13 especies por todo el mundo. Alguna de ellas, como el topo dorado de Winton, llevaban 86 años sin registros confirmados.
«Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueña tu filosofía» le dice Hamlet a Horacio y, si lo aplicamos a la ciencia contemporánea, constatamos que sigue siendo así.
Imagen | Re:Wild
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La noticia
Durante 120 años, los científicos dieron por extinto al conejo de Omiltemi. Mientras tanto, en Sierra Madre del Sur los cazaban para comer
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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