Justo cuando pensaba que la cultura del running ya no podía inventar más excusas para salir a devorar kilómetros, el algoritmo ha decidido fusionar el entrenamiento con recetas de cocina. Para poneros en situación, estaba haciendo scroll tranquilamente en Instagram y, de repente, me topé con lo que considero la última barrera del fitness: runners que fabrican mantequilla mientras corren. Lo han bautizado como el churning and burning (algo así como «batiendo y quemando») o, simplemente, los butter runs.
¿Puede ser real? Según parece, sí. Todo comenzó en febrero de este mismo año con la creadora de contenido estadounidense Libby Cope y su pareja, Jacob Arnold. En el vídeo, Cope lanza una pregunta sencilla: «Buscamos en Google y, que supiéramos, no había corredores anteriores que hubieran hecho mantequilla con éxito. Así que nos dijimos… ‘Vale, ¿seremos los primeros?'». En el reel se la ve vertiendo un cartón de nata líquida y sal en una bolsa hermética. «Te estarás preguntando por qué», dice Cope a cámara. «La verdadera pregunta es: ¿por qué no?».
Desde entonces, el fenómeno ha explotado a nivel global. Un rápido vistazo a Instagram nos devuelve un ejército de corredores imitando la hazaña en cuentas como saral.fit, margot_outdoor, lib_claire, rachlzw o alexladikoff.
Periodismo gonzo
Ante tal avalancha de contenido, en Xataka no podíamos quedarnos de brazos cruzados, pero tampoco queríamos mancharnos. Así que recurrimos a nuestro héroe sin capa: mi compañero Javier Lacort. Javier, siempre dispuesto a inmolar su equipo deportivo por el periodismo de investigación, aceptó el reto sin pestañear: «Lo hago yo», dijo. Le debemos, como mínimo, un desayuno eterno.
Las condiciones del experimento fueron las siguientes: Javier se echó a la calle para correr 20 kilómetros con un brick entero de 500 ml de nata líquida a cuestas. El clima: cielo despejado, un 51% de humedad y una temperatura de 13ºC, aunque con una traicionera sensación térmica de 8ºC.
Mi compañero optó por un enfoque pragmático y muy nuestro. Mientras los pioneros estadounidenses recomiendan usar bolsas herméticas Ziploc de alta resistencia, Javier simplemente vertió la nata líquida en una bolsa de plástico común de la compra. Con unos nudos a presión bien seguros, la acomodó directamente en el bolsillo de su chaleco de hidratación. El objetivo era ver si la fuerza del impacto durante 20 kilómetros sería suficiente para batir la nata.

Pero, antes de ver el resultado, ¿qué dice la ciencia? ¿Cómo es posible que correr convierta un líquido en un sólido untable?
Como detalla la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el principio es pura física: el proceso de batido constante hace que los glóbulos de grasa presentes en la nata choquen, se agrupen y terminen separándose del líquido restante, conocido como suero de leche. Vamos, lo mismo que hacían los nómadas hace siglos al galopar con sacos de leche colgados de sus animales de carga, solo que ahora el animal de carga lleva zapatillas de fibra de carbono.
Hoy, el runner es la batidora humana. Sin embargo, los resultados varían enormemente. Conseguir mantequilla depende de varios factores: la distancia (la mayoría corre entre 5 y 10 kilómetros), la intensidad de la zancada (cuanto más rebote, mejor) y, fundamental, el porcentaje de materia grasa de la nata utilizada.
El proceso y el veredicto

Javier completó sus 20 kilómetros y, tras dejar el chaleco en un banco del parque con aires de haber sobrevivido a una auténtica odisea láctea, el veredicto fue claro. Al abrir la bolsa, confesó: «Olía de maravilla, la verdad».
En las imágenes que nos pasó del proceso se aprecia claramente la evolución. Tras 20 kilómetros de impacto contra el asfalto, las fotos macro revelan que, sin llegar a ser un bloque de mantequilla sólido y consistente, la nata sí se había montado y presentaba una textura grumosa y espesa.

¿Por qué Javier consiguió una textura de nata montada espesa en lugar de un bloque de mantequilla como los de TikTok, a pesar de haber corrido una distancia considerable?
La respuesta está en la meteorología. La revista científica Scientific American tiene la clave: la temperatura es crucial. Si hace demasiado frío, las moléculas de grasa se endurecen y no logran agruparse para formar los grumos sólidos; si hace demasiado calor, la mezcla se vuelve sopa. La temperatura ideal es la temperatura ambiente. Con una sensación térmica de 8ºC, Javier tenía el termómetro en su contra. De hecho, otros corredores que intentaron el reto en días nevados fracasaron de la misma manera.
Visto lo visto, para quienes quieran replicarlo, los pioneros dejan algunos consejos vitales. Libby Cope recomienda correr durante al menos una hora, usar nata con un 35% de grasa y, como regla de oro, usar siempre «doble bolsa» hermética para evitar que tu espalda acabe pareciendo una quesería clandestina. Otros usuarios recomiendan aflojar un poco el chaleco de hidratación para que la bolsa rebote más, o elegir rutas con cuestas, escaleras o terrenos irregulares.
Y la pregunta vital: ¿esto es comestible?
La respuesta corta es sí. De hecho, comerla se ha convertido en la meta oficial de la carrera. El reto ha generado un pequeño ritual post-entrenamiento: abrir el recipiente para comprobar si hay mantequilla y untar el resultado fresco en un trozo de pan a modo de snack recuperador. Es el final perfecto para el vídeo de redes sociales.
La creatividad culinaria no ha tardado en aparecer. Una de las corredoras, Irene Choi, ya no se conforma con la receta básica, sino que practican el habit stacking (apilar hábitos) creando mantequillas de sabores. Añaden sal marina, hierbas provenzales, ajo o incluso miel antes de salir a correr. Choi llegó a preparar una «mantequilla de miel y jugo de maíz» que calificó como «un uso excelente de mi tiempo».
Desde una perspectiva más cínica (y brillante), la columnista Emma Beddington reflexiona en The Guardian sobre el fenómeno: «La pareja [Libby Cope y Jacob Arnold] tiene ahora más mantequilla de la que saben qué hacer con ella. ¿Acaso saben cuánto cuesta la mantequilla hoy en día? ¡Que la vendan!». Beddington bromea con que esta tendencia encaja perfectamente en la era moderna, combinando grasas animales, actividad física extenuante y un comportamiento «completamente desquiciado».
La próxima barrera: ¿bici y queso?
Lo que empezó como una broma en Oregón está mutando hacia rincones insospechados. The Guardian lo bautiza como el posible inicio de un «CrossFit culinario», preguntándose si pronto veremos a gente amasando pan a puñetazos para entrenar el tren superior o pisando fruta en la fase de enfriamiento para hacerse un smoothie.
Y no van desencaminados. Ante las bajas temperaturas de Calgary en Canadá, el corredor Jonny Arnott decidió aprovechar el frío polar que arruinaba la mantequilla para hacer helado mientras corría. La propia Irene Choi confesaba que sus seguidores ya le están exigiendo que su próximo trote sirva para fabricar yogur o queso.
El butter run es, en el fondo, la evolución natural de la cultura del running mezclada con la viralidad. Si antes la moda era el coffee run (correr 40 minutos con el único objetivo de terminar en tu cafetería favorita para socializar), ahora el café te lo tomas en casa con la tostada que tú mismo has batido con tus lumbares.
¿Cuál es la próxima barrera? Probablemente no tardemos en ver al primer ciclista atando un saco de cuajada al cuadro de su bicicleta, buscando los peores baches de la carretera para demostrar que, con un buen plato medio, se puede llegar a casa con un queso manchego curado bajo el brazo. Tiempo al tiempo.
Imagen | Javier Lacort
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La noticia
El ‘butter run’ es la última locura de Internet: correr 20 km para batir tu propia mantequilla. Lo hemos puesto a prueba
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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