El escenario de los 200 dólares por barril: cuando la geografía asfixia a la economía mundial

El escenario de los 200 dólares por barril: cuando la geografía asfixia a la economía mundial

Ver el barril de petróleo a 200 dólares ha pasado de ser un escenario apocalíptico a una opción sobre la mesa. El espejismo de los últimos días, con el Brent relajándose en el entorno de los 90 dólares tras el susto inicial de los 120, no engaña a los expertos porque la realidad física del mercado está rota. 

Tal y como detallan en El Periódico de la Energía, la consultora Wood Mackenzie calcula que el mercado va a necesitar precios de al menos 150 dólares en las próximas semanas para forzar un reequilibrio de la demanda. Sobre la marca de los 200 dólares, su conclusión es demoledora: ya no resulta una locura.

Ya se estaba anunciando. Desde el propio mando militar iraní Khatam al-Anbiya, su portavoz Ebrahim Zolfaqari ha lanzado una advertencia directa: el mundo debe «prepararse para que el barril de petróleo llegue a los 200 dólares». Para poner esta cifra en perspectiva, una columna de opinión del Financial Times recuerda que el pico histórico de 147 dólares alcanzado en 2008 equivaldría hoy a unos 222 dólares si lo ajustamos a la inflación actual. 

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha sido tajante en su último informe, calificando el escenario actual como «la mayor interrupción de suministro en la historia del mercado mundial del petróleo». El bloqueo físico del Estrecho de Ormuz ha sacado del tablero 20 millones de barriles diarios, un impacto que multiplica por cinco las pérdidas ocasionadas por el histórico embargo árabe de 1973.

¿Cómo es posible? En su primer mensaje oficial, el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, confirmó que la palanca de cerrar el Estrecho de Ormuz continuará utilizándose contra sus adversarios y los ataques están siendo una realidad tangible. Como ha adelantado Oilprice, drones iraníes han golpeado los tanques de almacenamiento en el puerto de Salalah, en Omán, y que dos petroleros (el Vishnu y el Zefyros) se incendiaron en aguas iraquíes tras ser atacados con drones submarinos.

La falta de salida marítima está colapsando la cadena logística desde su origen. Irak se han visto obligados a cerrar pozos y reducir su producción en un 70% sencillamente porque se han quedado sin espacio físico en sus tanques de almacenamiento. Paradójicamente, el corazón petrolero de Irán, la isla de Kharg —que canaliza el 90% de sus exportaciones— permanece intacta; sin embargo, un ataque directo de EEUU o Israel sobre esta instalación dispararía automáticamente el barril por encima de los 150 dólares.

Pero tenemos reservas estratégicas. Y sí, los 32 países miembros de la IEA han acordado una liberación histórica y sin precedentes de 400 millones de barriles de sus reservas de emergencia. Según los datos del informe mensual de la IEA, los inventarios mundiales observados son altos y ascienden a 8.210 millones de barriles.

Sin embargo, esta liberación a la desesperada solo compra tiempo, pero no soluciona el inmenso bloqueo físico. Según Financial Times, la demanda de petróleo es extremadamente inelástica; es decir, es muy difícil que la gente deje de consumirlo de golpe aunque sea más caro. Por ello, una escasez real de apenas un 2% en el suministro global es capaz de desencadenar subidas masivas de precios, neutralizando el escudo de las reservas.

Entonces, ¿qué va a pasar? La solución militar en el mar parece muy limitada. Según Lloyd’s List, establecer un sistema de escoltas navales occidentales caparía el tráfico de petroleros a menos del 10% de su volumen habitual, ya que los convoyes estarían restringidos a grupos de 5 a 10 buques comerciales por tránsito. A esto se suma que la mayor amenaza actual, las minas marinas esparcidas en un cuello de botella de apenas 34 kilómetros de ancho.

Ante este tapón marítimo, la principal válvula de escape son las tuberías en el desierto. Arabia Saudí está operando a contrarreloj su oleoducto East-West (Petroline) para desviar hasta 5 millones de barriles diarios hacia el puerto de Yanbu en el Mar Rojo, esquivando totalmente a Irán. Emiratos Árabes Unidos secunda la maniobra inyectando casi 2 millones de barriles adicionales a través de su oleoducto hacia Fujairah. Como ha confirmado Financial Times, la ruta saudí ha logrado con éxito registrar un récord de exportaciones por sus puertos occidentales de 5,9 millones de barriles diarios el pasado 9 de marzo.

Una escalada sin precedentes. A este complejo rompecabezas logístico hay que sumarle la variable política en Washington, que no parece tener prisa por forzar una desescalada que alivie los mercados. A través de sus redes sociales, Donald Trump ha dejado claro que el coste de la energía no es ahora mismo su máxima preocupación. «Estados Unidos es el mayor productor de petróleo del mundo, con diferencia, así que cuando los precios suben, ganamos mucho dinero», publicó el presidente. Su prioridad absoluta, explicó, es detener a Irán, un objetivo al que otorga «mucho mayor interés e importancia». Con estas palabras, la actual administración asume públicamente que prefiere lidiar con el encarecimiento de la gasolina antes que aflojar la soga estratégica sobre Teherán.

En definitiva, las tuberías del desierto y las reservas estratégicas actúan como un torniquete, pero no detienen la hemorragia. Mientras la diplomacia siga estancada, Washington priorice la caída del régimen iraní sobre el abaratamiento del crudo, y el paso de Ormuz siga siendo un campo de minas de 34 kilómetros de ancho, la economía mundial seguirá secándose. En este escenario, que el barril alcance los 200 dólares no es una predicción catastrofista; es, simplemente, el siguiente paso lógico si los barcos siguen sin poder navegar.

Imagen | Photo by Chris LeBoutillier on Unsplash

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El escenario de los 200 dólares por barril: cuando la geografía asfixia a la economía mundial

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Alba Otero

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