Dos figuras con máscaras de nariz larguísima y trajes blancos de lunares negros (o negros de lunares blancos). Una guitarra de doble mástil con más trastes de los habituales. Un looper accionado con los pies descalzos, pintados también de lunares. Y 27 minutos de música que dividen la escala en 24 tonos en vez de los 12 del sistema occidental. Así entró Angine de Poitrine en la vida de millones de personas que no habían oído hablar del math rock en su vida.
Cómo conocimos a Angine De Poitrine. El vídeo que lo cambió todo lo grabó la emisora pública de Seattle KEXP durante el festival Transmusicales de Rennes, en diciembre de 2025. Lo publicaron en YouTube en febrero de 2026. En cuestión de semanas ha acumulado millones de vistas, lleva ya casi 8. En los comentarios, alguien escribió: «La IA: Los humanos ya no tienen nada que hacer en la música. Angine de Poitrine: Sujétame la cerveza marciana triangular.» Todo un diagnóstico del quid de la cuestión.
Veinte años haciendo el marciano. Khn y Klek de Poitrine (seudónimos, obviamente) llevan haciendo música juntos más de dos décadas, desde la adolescencia. Lanzaron Angine de Poitrine justo antes de la pandemia, en 2019, aunque no empezaron a actuar con regularidad hasta 2023. El nombre, que en francés significa «angina de pecho», es devoción por el absurdo, como todo en este proyecto: los disfraces surgieron como una broma porque querían tocar dos veces en la misma semana en el mismo local, pero la sala no lo permitía, así que se disfrazaron para que los contrataran como si fueran otro grupo. Y se quedaron con los disfraces.
Pero esto qué es. La música que toca Angine de Poitrine es objetivamente difícil de describir. Ellos mismos la han definido como «mantra-rock dada-pitago-cubista», lo que no aclara gran cosa pero sí apunta al espíritu inclasificable del proyecto. Khn toca una guitarra-bajo de doble mástil construida a medida, que le permite ejecutar microtonos, los intervalos entre las notas convencionales. Acciona el looper con los pies descalzos mientras Klek mantiene un ritmo habitualmente frenético en la batería, rebosante de cambios de ritmo y compás.
Qué es la microtonalidad. Las melodías se basan en un sistema de 24 tonos por octava en lugar de los 12 habituales en la música occidental. Algunas de sus composiciones se mueven en compases tan poco frecuentes como el 10/4, el 17/4 o el 28/4. Para un oyente habituado a la tradición occidental, el resultado suena ligeramente «fuera de sitio», en una tensión constante que resulta difícil de expresar. Danick Trottier, musicólogo de la UQAM, ha explicado que el dúo trabaja principalmente con cuartos de tono, la mitad de un semitono estándar, lo que genera un efecto dramáticamente disonante.
¿Influencias? Allá van unas cuantas: Frank Zappa y Captain Beefheart, Primus, King Crimson, King Gizzard & the Lizard Wizard, y ya en plan más exótico, gamelán indonesio y música de Oriente Medio. No es exactamente la lista de referentes de un grupo que piensa en el mercado masivo. Y esa es la clave de que hayan llamado tanto la atención.
Nadie sabe quienes son. El anonimato de sus miembros va más allá de un mero guiño para internet, sino que está tomado muy en serio. Su mánager, Sébastien Collin, ha emprendido una tarea de eliminación meticulosa de cualquier mención de los nombres reales de los dos miembros de la banda en internet, y la web del grupo avisa de que Angine de Poitrine es «un proyecto artístico anónimo» y que cualquier especulación sobre la identidad de sus miembros puede constituir una invasión de su privacidad.
Se viraliza. Cuando KEXP (con un largo historial de presentar grupos que se acaban convirtiendo en referencia) publicó el vídeo, las reacciones llegaron en cascada: guitarristas, aficionados al jazz, fans del rock progresivo y personas que llevaban años sin prestar atención a la música actual se volcaron a difundirlo. Rick Beato, uno de los youtubers de análisis musical con mayor audiencia del mundo, afirmó recibir 25 correos diarios preguntándole por el dúo, más que por cualquier otro artista en la historia de su canal. Dave Grohl declaró que el dúo le «voló literalmente la la cabeza» y que no sabía cómo explicarlo excepto diciendo que había que verlos. La bola de nieve era imparable.
Lo que hace singular el fenómeno es que la viralidad no fue solo de arriba abajo: muchas de esas voces respetadas empezaron a hablar del dúo porque sus propios oyentes no paraban de enviarles el enlace, lo que convierte a los fans en el motor real de propagación, no en destinatarios pasivos. Por delante de los popes intelectuales de la música.
Éxito inmediato. El éxito tiene traducción económica inmediata y bastante llamativa. Las entradas para sus conciertos en Toronto ya tienen precios de reventa superiores a los 500 dólares. Los vinilos desu primer álbum, ‘Vol. I’, han llegado a venderse por 2.000 dólares. Sus fechas de conciertos en Nueva York, Los Ángeles, Reino Unido, Francia y Bélgica se agotaron en minutos. Este pasado 3 de abril de 2026 publicaron ‘Vol. II’, su segundo álbum, que incluye tres de los temas del ya icónico vídeo de KEXP y tres composiciones nuevas.
Complejos pero accesibles. Hay algo paradójico en Angine de Poitrine: la música inaccesible normalmente frena a los oyentes no iniciados. Aquí ocurre lo contrario: la dificultad genera análisis y curiosidad, y ésta atrae a más oyentes, que vuelven al vídeo original, preguntándose: «¿Por qué reacciono así ante esta cosa tan rara?». James Gutierrez, profesor asistente de música en la Northeastern University, apunta a que la sed de algo «obviamente insimulable» es el eje de la reacción: esta banda es el emblema de algo que ninguna IA puede replicar de forma convincente, y en estos tiempos de éxitos predecibles, donde se valora que todo sea categorizable, lo inimitable es un valor inesperado.
Otra opinión distinguida: Pierre Michaud, profesor asociado de composición en la Université de Montréal, atribuye el éxito a un «golpe de genio» que combina complejidad extrema con una presentación desenfadada. El contexto geopolítico también aparece en los análisis. Gutierrez señala que en un 2026 marcado por la gravedad política, algo admirable, creativo y lúdico activa los resortes correctos en el público. Podemos respirar tranquilos: seguimos buscando lo único.
Imagen | LouisFVG
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La noticia
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fue publicada originalmente en
Xataka
por
John Tones
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