El paisaje frente a las costas de Yanbu, en el Mar Rojo, ha cambiado por completo en cuestión de días. La zona está ahora tomada por los VLCC (Very Large Crude Carriers), unos superpetroleros colosales capaces de engullir dos millones de barriles de crudo. No están ahí de paso; su concentración masiva responde a un único objetivo: llevar a cabo la mayor y más urgente evacuación de petróleo de los últimos tiempos.
Una flota al rescate del mercado. Para entender la magnitud de esta operación de rescate, basta mirar las cifras que proporciona Financial Times: lo que está ocurriendo es una auténtica «flotilla de superpetroleros» navegando a contrarreloj. Unos 30 de estos gigantes se dirigen a Yanbu, cuando lo habitual es que apenas lleguen dos al mes. La razón es que el tráfico en el Golfo Pérsico ha llegado a un «punto muerto» tras los ataques iraníes.
Los datos de rastreo marítimo que maneja Bloomberg dan una idea de la urgencia: en apenas 48 horas, al menos 25 de estos gigantes han puesto rumbo al puerto saudí. Hablamos de una flota con hueco para cargar unos 50 millones de barriles que, de otra forma, no tendrían salida. Es una válvula de escape imprescindible ahora mismo. El bloqueo ya ha hecho caer la producción mundial un 6% y el tapón es tan grande que vecinos como Irak y Kuwait han tenido que empezar a cerrar pozos porque, sencillamente, se han quedado sin sitio en sus tanques para guardar el petróleo.
El «puente marítimo» para esquivar a Irán. ¿Cómo llegan estos barcos a cargar petróleo si no entran al Golfo? La respuesta está en el desierto, pero el resultado se ve en el puerto. Arabia Saudí está utilizando su oleoducto East-West como un torniquete. El crudo viaja por tierra 1.200 kilómetros hasta Yanbu, donde la «armada» de barcos lo espera para distribuirlo al mundo, especialmente a China e India.
Según Wall Street Journal, esta infraestructura se ha convertido de la noche a la mañana en «una de las piezas más críticas de la economía mundial». El CEO de Saudi Aramco, Amin Nasser, confirmó en este medio que están alcanzando el máximo de su capacidad: 7 millones de barriles diarios fluyendo hacia el oeste. De ellos, 5 millones están destinados directamente a ser cargados en estos superpetroleros para los mercados globales.
El riesgo no desaparece, solo cambia de coordenadas. Pero navegar hacia Yanbu no es un paseo seguro. Como advierte Financial Times, los barcos deben ahora «desafiar el notorio punto crítico de los ataques Houthis». Para salir hacia Asia, estos superpetroleros tienen que cruzar el estrecho de Bab al-Mandab. Aunque el grupo yemení había señalado una pausa en sus ataques, expertos de EOS Risk aseguran que los petroleros siguen asumiendo un «riesgo enorme», ya que la zona está al alcance de los misiles iraníes.
Incluso el puerto de Fujairah en los Emiratos, que también intenta actuar como vía de escape, ya ha sufrido daños por ataques con drones la semana pasada. El mensaje es claro: la alternativa es menos peligrosa que Ormuz, pero no es inmune a la guerra.
Los límites del plan. La gran pregunta que se hacen los mercados es si esta armada de barcos y las tuberías del desierto pueden evitar el colapso económico. El cierre de Ormuz ha sacado 20 millones de barriles diarios del tablero y la realidad física impone sus límites a la ruta alternativa. Por un lado, existe un embudo crítico en el propio puerto. Según datos de la agencia Argus Media, aunque el oleoducto saudí logre transportar hasta 7 millones de barriles, las terminales de Yanbu solo tienen capacidad real para cargar entre 4 y 4,5 millones al día en los barcos. Inevitablemente, los superpetroleros tendrán que hacer cola.
Por otro lado, asoma la crisis de los destilados. Como advierten expertos citados por Middle East Eye, el oleoducto East-West transporta crudo, no productos refinados. Por muchos barcos que se logren llenar en Yanbu, mercados como el europeo se quedan sin su suministro vital de diésel y combustible de aviación, que habitualmente se procesa en las inalcanzables refinerías de Oriente Medio.
Según Sparta Commodities en declaraciones para WSJ, con esta ruta solo se ha «resuelto la mitad del problema». Hay otros 10 millones de barriles que siguen atrapados sin salida posible. Por ello, ya no es «una locura» que el barril alcance los 200 dólares. La demanda de petróleo es «inelástica»; la economía no puede dejar de consumirlo de un día para otro, lo que genera una presión alcista brutal.
La geopolítica del «cuanto peor, mejor» Mientras los barcos maniobran en el Mar Rojo, en Washington el enfoque es puramente estratégico. Donald Trump ha dejado claro que la prioridad es detener a Irán, incluso por encima del precio de la gasolina. «Ganamos mucho dinero cuando los precios suben», llegó a publicar el presidente en sus redes sociales, subrayando que EEUU, como gran productor, puede permitirse una resistencia que otros países no tienen.
Por su parte, la apertura histórica de las reservas estratégicas de la IEA (400 millones de barriles) intenta «comprar tiempo», pero como dice el analista Javier Blas, nada sustituye a la apertura real del Estrecho de Ormuz.
Imagen | Photo by Khristina Sergeychik on Unsplash
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La noticia
El mundo necesita sacar petróleo de Oriente Medio como sea. Su única esperanza son 30 barcos gigantes haciendo cola en Yanbu
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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