La siesta es, para muchos, un pilar fundamental del estilo de vida mediterráneo y un placer irrenunciable durante la tarde para poder aguantar el resto del día. Sin embargo, la evidencia científica ha puesto este hábito bajo la lupa, sobre todo cuando las siestas son de varias horas y da hasta tiempo para soñar varias veces. Y es que la duración, la frecuencia y sobre todo la edad tienen mucho que decir sobre el impacto sobre la salud.
La frontera del tiempo. El consenso científico actual dibuja una línea bastante clara entre la clásica siesta reparadora y la siesta de ponerse el pijama y meterse en la cama para estar varias horas. Porque la barrera está marcada justamente en la media hora, haciendo que quien la pase pueda comenzar a notar alteración en su salud.
Aquí, un reciente estudio de la Universidad de Murcia analizó a más de 3.000 adultos en un entorno mediterráneo para analizar el efecto de las siestas. Y la realidad es que pasar de estos 30 minutos se asociaba con tener un mayor IMC, mayor incidencia de obesidad y también tener más probabilidad de tener un síndrome metabólico como, por ejemplo, diabetes o hipertensión.
Y hay más. En lo que respecta a la salud cardiovascular, la realidad es que el corazón puede sufrir. Aquí la Sociedad Europea de Cardiología presentó en 2023 diferentes datos que asociaban las siestas superiores a los 30 minutos con casi el doble de riesgo de desarrollar fibrilación auricular.
Pero también la American Heart Association sacó datos que respaldaban este punto al apuntar que las siestas que superaban la hora disparaban la tasa de enfermedad cardiovascular en 1,82 veces.
El factor de la edad. En este sentido, uno de los estudios más importantes publicados lo encontramos en JAMA, que tras seguir a 1.338 adultos mayores durante 19 años y midiendo objetivamente su sueño pudieron ver el efecto que tenía. Aquí se vio que dormir más durante el día, hacerlo con mayor frecuencia o concentrar la siesta por la mañana se asociaba con una mayor mortalidad por cualquier causa. Concretamente, cada hora extra de sueño diurno aumentaba el riesgo de mortalidad en un 13%.
Queda mucho por investigar. Entre los estudios que ahora mismo hay disponibles no se ha encontrado una correlación clara, es decir, que quien duerme una siesta de tres horas al día no tiene que tener ningún problema. Lo único que se apunta es que tener la necesidad de dormir en exceso por el día puede ser consecuencia de un mal descanso nocturno porque haya una enfermedad que esté comenzando a ver la luz, como una apnea del sueño.
Se puede hacer siesta. Aunque puede que parezca que estemos demonizando la siesta, la realidad es que tiene un importante componente benéfico cuando se tratan de siestas de menos de 30 minutos. Aquí estamos consiguiendo una mejora en el rendimiento cognitivo y también es una forma de recargar un poco las energías para lo que queda de día. Pero de aquí a planificar activamente la siesta que se pueda alargar durante horas, hay un gran trecho que sin duda se debe evitar.
Imágenes | Unsplash
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La noticia
En España hemos glorificado la larga siesta. En los estudios científicos tienen otra opinión al respecto
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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