En Euskadi creen tener la solución a la oposición de los vecinos a la eólica. Que se lleven un 7% de sus beneficios

En Euskadi creen tener la solución a la oposición de los vecinos a la eólica. Que se lleven un 7% de sus beneficios

El 18 de mayo abrió el periodo de prerreserva. En menos de 24 horas, 51 vecinos de la Rioja Alavesa habían puesto ya su dinero en el parque eólico que nadie quería tener al lado. Siete por ciento de rentabilidad anual garantizada. Inversión mínima, 1.000 euros. Nombre del proyecto: Gure Haizea. Nuestro viento.

Euskadi lleva veinte años sin inaugurar un parque eólico. El último entró en funcionamiento en 2006. Durante dos décadas, los proyectos se han multiplicado sobre el papel y se han atascado en los juzgados, en las comisiones de alegaciones y en las asambleas vecinales. El resultado es que la comunidad autónoma, que cuenta con una industria eólica de primer nivel mundial, produce apenas el 7,9% de su electricidad con fuentes renovables propias. El objetivo del Gobierno vasco es alcanzar el 15% en 2030 para lograrlo necesita que los vecinos de los municipios afectados digan que sí. Y hasta ahora, la mayoría ha dicho que no.

El parque que nadie quería tener al lado. El parque eólico de Labraza, en el municipio alavés de Oion, está en construcción. Cuarenta megavatios de potencia y una inversión de 59 millones de euros. Cuando entre en funcionamiento, producirá cerca de 99.679 megavatios hora al año, suficiente para abastecer a unos 30.000 hogares, y evitará la emisión de aproximadamente 16.300 toneladas de CO₂. También incrementará en un 26% la capacidad eólica instalada en todo el País Vasco, según los datos de Iberdrola y del Ente Vasco de la Energía (EVE), la agencia pública del Gobierno vasco que cogestiona el proyecto a través de su sociedad conjunta con Iberdrola, llamada Aixeindar.

Lo que convierte a Labraza en algo más que un parque eólico más es lo que acaba de anunciar esa sociedad conjunta: por primera vez en Euskadi, los ciudadanos podrán participar en la financiación del proyecto y cobrar intereses por ello. La fórmula elegida es el crowdlending, un tipo de financiación colaborativa en la que los particulares prestan dinero a un proyecto y reciben a cambio un interés anual garantizado. En este caso, del 7%. La plataforma que gestionará el proceso es Fundeen, la primera plataforma española de inversión en energías renovables autorizada por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). El plazo máximo es de tres años. La aportación mínima, 1.000 euros; la máxima, 100.000. El objetivo total de financiación ciudadana: tres millones de euros.

Según informó el Ente Vasco de la Energía, el periodo de prerreserva abrió el 18 de mayo. En apenas 24 horas, 51 pequeños inversores habían cubierto ya el 60% del objetivo, de acuerdo con los datos publicados por ElDiario.es. En junio se formalizará la financiación definitiva.

El problema que la rentabilidad intenta resolver. El rechazo a los parques eólicos en España —y en Euskadi en particular— no surge de la nada. Tiene raíces concretas y legítimas. Las razones del rechazo son diversas: el impacto paisajístico de los aerogeneradores en zonas montañosas con fuerte valor natural y cultural, las críticas relacionadas con el ruido, el efecto sobre aves y ecosistemas, y sobre todo la sensación de que las grandes compañías eléctricas obtienen beneficios mientras los municipios reciben pocas compensaciones reales. En Álava se tramitan actualmente más de 100 iniciativas renovables, con una concentración especialmente elevada que ha disparado las alarmas vecinales.

La cuestión de fondo es más estructural. El 84% de la energía renovable de España se produce en zonas rurales y en la llamada España vaciada, pero sin que ese dinero se quede en el territorio. Los municipios asumen el impacto visual, sonoro y sobre el paisaje. La energía viaja a las ciudades. Los beneficios, a las sedes de las empresas. Esa desigualdad energética es el núcleo de un problema que se ha manifestado de formas distintas en distintos territorios: Aragón intentó quedarse con su excedente energético, Galicia propuso luz a mitad de precio para vecinos de municipios con instalaciones renovables, y ahora Euskadi prueba con el 7% de rentabilidad para sus ciudadanos.

La propuesta de crowdlending intenta atacar exactamente esa brecha. Si los vecinos también ganan dinero con el viento, la ecuación cambia. El parque deja de ser una infraestructura que impone alguien de fuera y pasa a ser, al menos parcialmente, una inversión propia. Por eso el nombre en euskera importa: Gure Haizea no es solo una marca, es un argumento.

Más que dinero, también luz más barata. El mecanismo es sencillo en su concepción. A través de la plataforma Fundeen, los ciudadanos interesados pueden entrar en el proyecto de Labraza como prestamistas: aportan entre 1.000 y 100.000 euros durante un máximo de tres años y reciben un 7% de interés anual garantizado independientemente de lo que produzca el parque. No compran acciones ni se convierten en propietarios, sino en acreedores del proyecto. Es una distinción importante: el riesgo es menor que en la inversión directa, pero también lo es el control.

La iniciativa está dirigida prioritariamente a los habitantes de Labraza, Barriobusto, Oion y Rioja Alavesa, aunque se abre también a todo el territorio histórico de Álava. El objetivo, según el EVE, es priorizar siempre a los inversores de las zonas más cercanas al parque.

No se limita al rendimiento financiero. Los habitantes de las Juntas Administrativas de Labraza y Barriobusto también tendrán derecho a una tarifa especial de electricidad una vez el parque entre en funcionamiento, y durante toda su vida útil. El paquete incluye además hasta 90 empleos locales durante la construcción, un ingreso inicial de alrededor de 1,2 millones de euros para las arcas municipales al arrancar las obras y unos 230.000 euros anuales en impuestos y cánones. Para explicar los detalles, Iberdrola y el EVE organizaron sesiones informativas presenciales en Labastida, Oion y Laguardia durante el mes de mayo.

España ya tiene precedentes. Lo que Euskadi presenta como novedad no es exactamente un invento propio. El modelo de crowdlending para parques eólicos ya se ha ensayado en otras comunidades españolas, siempre con la misma plataforma —Fundeen— y con una rentabilidad también fijada en torno al 7%.

Las preguntas que el modelo no responde. La iniciativa es llamativa y los precedentes la avalan, pero conviene no confundir el entusiasmo con la evidencia. Hay preguntas que los datos disponibles todavía no responden.

La apuesta y lo que hay en juego. El Gobierno vasco tiene un objetivo declarado: pasar del 7,9% al 15% de generación eléctrica propia con renovables antes de 2030. Para eso necesita sumar 450 megavatios de nueva capacidad eólica y fotovoltaica, más otros 300 de autoconsumo. Labraza aporta 40 megavatios. Quedan muchos más por conseguir en un territorio donde la oposición sigue siendo intensa y donde el rechazo a los parques eólicos ha empezado a generar problemas reales de financiación para el desarrollo energético de la comunidad.

El modelo Gure Haizea es, en ese contexto, un experimento en tiempo real. Si funciona —si demuestra que hacer partícipes económicamente a los vecinos reduce la conflictividad y acelera los plazos—, puede convertirse en una plantilla replicable en los decenas de municipios españoles donde los proyectos renovables llevan años atascados. Si no funciona, habrá que buscar otra respuesta a la pregunta que ningún gobierno ha sabido resolver del todo: cómo repartir de forma justa los costes y los beneficios de la transición energética entre quienes la producen y quienes la consumen.

Por ahora, la paradoja sigue en pie. El movimiento que aprendió a decir no tiene sobre la mesa una oferta del 7% para decir sí. El viento sigue soplando en Oion. Y la pregunta ya no es solo si los aerogeneradores girarán, sino quién se va a quedar con los beneficios.

Imagen | Iberdrola

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En Euskadi creen tener la solución a la oposición de los vecinos a la eólica. Que se lleven un 7% de sus beneficios

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Alba Otero

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