28 de enero de 1978. Apple Computer lleva menos de dos años en el mercado, el Apple II acaba de despegar y la compañía necesita una sede de verdad. Hasta ese momento habían pasado por el mítico garaje y por una oficina alquilada en Stevens Creek Boulevard. Pero ese día, Apple se mudó a algo propio: Bandley 1, en el 10260 de Bandley Drive, Cupertino. Su primera sede construida a medida.
Quince años antes de que existiera One Infinite Loop y casi cuatro décadas antes de que Apple Park aterrizara como una nave espacial en mitad de California, hubo un edificio anónimo con influencia arquitectónica española que casi nadie recuerda. Y en su plano original ya había escondida una pista sobre cómo era trabajar con Jobs.
El plano que lo dice todo sobre Jobs
El plano de Bandley 1 lo dibujó Chris Espinosa en enero de 1978. Espinosa tenía entonces 19 años y hoy es el empleado con más antigüedad en Apple. Su boceto dividía el edificio en cuatro cuadrantes:
- Marketing y administración
- Ingeniería
- Fabricación
- Un gran espacio vacío sin uso oficial
Espinosa, con su sentido del humor, anotó a mano en ese cuarto cuadrante: «¿Canchas de tenis?». Ese espacio acabó convirtiéndose en el primer almacén de la compañía.

El diseño de la oficina Bandley 1 de Apple
El edificio también incluía una sala llamada «Adviento», que funcionaba como espacio de demostración para visitantes. Dentro, Apple había instalado un televisor de proyección de 3.000 dólares (una fortuna en 1978) pensado para impresionar a quien llegara. Jobs sabía que la primera impresión importaba. Pero lo más revelador del plano no era lo que había en esas salas. Era lo que había en los despachos.

Bandley Drive en Cupertino
Nadie quería compartir oficina con él
En Bandley 1, Steve Jobs consiguió su propio despacho desde el primer día. No porque fuera el cofundador. No porque lo exigiera. Sino porque nadie quería compartir espacio con él.
La anécdota forma parte ya del folclore de Silicon Valley, pero vale la pena detenerse en lo que implica. Jobs en 1978 tenía 22 años, una energía desbordante y una forma de trabajar que podía resultar tan estimulante como agotadora. Su exigencia era constante, su criterio cambiaba sin previo aviso y su capacidad para hacer que alguien se sintiera un genio o un inútil en cuestión de minutos era legendaria. Sus compañeros preferían no tenerlo al lado.
El otro despacho privado del plano era para Mike Markkula, el inversor que había puesto 250.000 dólares en Apple y que se había quedado con un tercio de la empresa. Su motivo era más mundano: fumaba en el trabajo y nadie quería respirar su humo. Dos despachos privados, dos razones completamente distintas. Una muy humana. La otra, Jobs.
Una sede que creció sin orden ni concierto
Bandley 1 no tardó en quedarse pequeña. Apple fue alquilando edificios cercanos que llamó Bandley 2, 3, 4, 5 y 6, aunque no los numeró por ubicación sino por orden de adquisición. El resultado fue un campus imposible de orientarse: Bandley 2, por ejemplo, estaba físicamente entre Bandley 4 y Bandley 5.

Era, en cierta forma, un reflejo bastante fiel de cómo funcionaba Apple en esa época. Brillante, caótica, en expansión constante y con una lógica interna que solo tenía sentido si llevabas tiempo dentro. Algunos de los productos más importantes como el Apple II, el Lisa, los primeros pasos del Macintosh, se gestaron en ese polígono industrial anónimo. Jobs fue despedido de Apple en 1985. Cuando volvió en 1997, la empresa ya llevaba tres años en otra dirección.
Los edificios de Bandley fueron llenándose con los años de inquilinos de lo más variado, hay desde oficinas hasta una congregación religiosa. Aunque Apple sigue manteniendo presencia en la calle: Bandley 3, 4, 5 y 8 continúan siendo instalaciones de la compañía, y el Apple Fitness Center corporativo sigue operativo en el número 10627. Bandley 1 en concreto ya no está, pero la calle que lo vio nacer sigue ahí, con los carteles de Apple plantados como si el tiempo no hubiera pasado del todo.
Si tienes curiosidad, vale la pena pasear por Bandley Drive con Google Street View o con Look Around en Apple Maps. Ahí, en esa calle anónima de Cupertino, empezó todo.

De Bandley a la nave espacial: cómo Apple aprendió a construir sus sedes
Apple abandonó el campus Bandley en 1993, cuando se trasladó a One Infinite Loop, también en Cupertino. El nuevo complejo de seis edificios organizados alrededor de un bucle circular, de ahí el nombre. Era todo lo que Bandley no era: ordenado, planificado, pensado para quedarse. Apple llevaba ya una década siendo una empresa cotizada y necesitaba una sede que lo pareciera.

Las tres oficinas oficiales de Apple en los últimos 50 años
One Infinite Loop fue la casa de Apple durante más de dos décadas. Allí Jobs presentó el iMac, el iPod, el iPhone y el iPad. Allí también murió, en octubre de 2011. La última mudanza llegó en 2017. Apple Park, diseñado por Norman Foster siguiendo las instrucciones del propio Jobs antes de morir, abrió sus puertas en Cupertino con un anillo de cristal de 260 metros de diámetro, capacidad para 12.000 empleados y un teatro bautizado con el nombre de Steve Jobs.
El hombre que en 1978 consiguió un despacho propio porque nadie le aguantaba cerca acabó dando nombre al lugar donde Apple presenta hoy sus productos al mundo.
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La noticia
En la primera sede de Apple, Jobs tuvo despacho propio desde el primer día. El motivo dice mucho de cómo era trabajar a su lado
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Guille Lomener
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