
Como madrileño, nunca me hubiese imaginado que parte del trabajo que hace que mi iPhone funcione bien se estuviese haciendo a pocos kilómetros de casa. Pero así es. En pleno centro de Madrid, Apple lleva más de dos años operando uno de sus laboratorios inalámbricos más avanzados del mundo, con ochenta personas dedicadas a una sola cosa: que las conexiones de todos sus dispositivos funcionen en cualquier rincón del planeta.
Nuestros compañeros de Xataka han sido de los primeros periodistas en entrar, y lo que se han encontrado dentro es de esas cosas que te hacen ver el iPhone que llevamos en el bolsillo con otros ojos.
Cámaras que simulan desde condiciones perfectas hasta las interferencias más caóticas del mundo. Pruebas que empiezan meses antes de que el dispositivo llegue a producción, y un proceso que conecta Madrid con equipos de ingeniería repartidos por todo el mundo. Todo para que el Wi-Fi, el GPS o el Bluetooth de nuestro iPhone simplemente funcionen bien.
Madrid en el mapa de los laboratorios más importantes de Apple
Apple lleva años distribuyendo talento por el mundo. En lugar de concentrarlo todo en Cupertino, ha ido montando grupos de especialistas en ciudades para abordar diferentes tareas. Madrid entró en ese mapa en 2023, cuando la compañía abrió su Laboratorio de Innovación Inalámbrica.
Tom Marieb, vicepresidente de Ingeniería de Hardware de Apple, describe las instalaciones madrileñas como unas de «las más avanzadas de Apple» en su categoría. No se diseñan chips aquí, ni se fabrican. Pero lo que se hace es algo igual de crítico: coger los dispositivos que están a meses de salir al mercado, abrirlos, acceder a sus antenas y someterlos a pruebas que replican las condiciones más exigentes del mundo. Desde una red urbana saturada hasta un entorno de cobertura mínima, pasando por interferencias que cualquier usuario puede encontrarse un martes cualquiera.
La parte del iPhone que Apple tardó años en hacer suya
Un iPhone está hasta arriba de antenas. La del Wi-Fi, la del Bluetooth, la UWB, el NFC, las de las redes celulares, las satelitales… y pese a que sin ellas el dispositivo no sería ni la mitad de lo que es, apenas les prestamos atención. Solo nos acordamos de que existen cuando algo falla. Ese es exactamente el objetivo del laboratorio de Madrid: que nunca te acuerdes de que están ahí.
El trabajo del equipo madrileño cobra especial relevancia desde que Apple dio un paso histórico con sus propios chips de conectividad. El C1, que debutó en el iPhone 16e como el primer módem propio de la compañía, y el N1, que llegó con el iPhone Air, son el resultado de años de desarrollo en los que laboratorios como el de Madrid han tenido un papel muy importante.
Mientras el equipo de diseño dibuja el chip y el de manufactura lo fabrica, el equipo de redes comprueba que el hardware funciona exactamente como fue concebido. No es tan vistoso como anunciar un nuevo procesador, pero es lo que determina si tu llamada se corta o no.
Tres máquinas que simulan el mundo real
La parte más impresionante de la visita fueron las demostraciones. El laboratorio cuenta con tres máquinas que, juntas, cubren prácticamente cualquier escenario al que se puede enfrentar un dispositivo en el mundo real.
La primera es la cámara de campo cercano. Imagina la mitad de un motor de avión forrado con unos conos de material absorbente que impiden que las señales inalámbricas reboten.
En el centro se coloca el iPhone, rodeado de sensores que monitorizan los patrones de transmisión de las antenas con una precisión milimétrica. Es la prueba en condiciones ideales: sin interferencias, sin ruido, sin el caos del mundo exterior.
En la visita, la estaban usando para medir la optimización del GPS del iPhone Air, probando además cómo se comporta el dispositivo ante escenarios como tormentas o cielos nublados que afectan a la señal satelital. Y cuando hablamos de GPS, en realidad están probando todas las redes satelitales: GPS, Galileo, Beidou, Glonass, QZSS…
La segunda es la cámara anecoica, esa sala que te hace sentir un poco raro en cuanto entras porque no hay ningún eco, ningún rebote, ningún sonido que no sea el tuyo. Aquí se analiza cómo se comportan las redes celulares y los sistemas de posicionamiento en tres dimensiones, de nuevo en condiciones ideales.
Lo más curioso es que los ingenieros se meten dentro, se sientan en una silla colocada sobre una columna giratoria en el centro de la sala y dan vueltas con el dispositivo en la mano. Porque los teléfonos no se usan siempre en la misma posición, y eso también hay que medirlo.
La tercera es la cámara de reverberación, y es donde la cosa se pone más interesante. Es una caja metálica con un brazo de maniquí sujetando el iPhone y una placa que se mueve en la parte superior. Nada de espuma absorbente: aquí las paredes son metal puro, la señal rebota en todas las direcciones con una violencia que no existe en ningún entorno real, y eso es exactamente el punto.
Si el dispositivo aguanta ahí dentro, aguanta en cualquier parte. En la demostración estaban midiendo cómo la mano del usuario afecta a las velocidades de descarga y subida del Wi-Fi, algo que cualquiera ha experimentado sin saber muy bien por qué.
El nuevo diseño de antenas del iPhone 17 Pro
Los resultados de todas estas pruebas no se quedan en Madrid. Se envían a los equipos que diseñan los chips en otras partes del mundo, que los usan para hacer ajustes antes de que el dispositivo entre en producción. Es un toma y daca constante entre laboratorios distribuidos por el planeta, trabajando con meses de antelación para que cuando el producto llegue a la cadena de fabricación, la parte del hardware esté completamente afinada.
Y ojo, no solo miden iPhone este laboratorio. Cada dispositivo es un reto distinto. Un iPhone tiene bastante margen para distribuir antenas por el cuerpo y maximizar la señal, pero un Apple Watch es un puzzle: todo está más comprimido, la batería y la pantalla generan interferencias, y el metal del cuerpo es una barrera natural para las comunicaciones inalámbricas.
Apple presume de diseñar en California. Pero una parte de lo que hace que sus dispositivos funcionen en cualquier rincón del mundo lleva años haciéndose aquí, en Madrid. Y eso, la verdad, nos hace sentir muy orgullosos.
Fuente | Xataka
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La noticia
Hay ingenieros en Madrid que se sientan en una silla giratoria con un iPhone para que tus llamadas no se corten. Apple lleva dos años haciéndolo en silencio
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Guille Lomener
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