
Corría el año 2018 cuando un equipo de científicos australianos detectó una extraña señal de radio en el plano de la Vía Láctea. El pulso de radio era demasiado lento para cualquier objeto astronómico conocido. Parecía más bien algún tipo de anomalía o error de los telescopios que un nuevo descubrimiento. Sin embargo, en 2025 se localizó otra señal similar. Y luego otra y otra más. Actualmente, hay registradas al menos 12 de estas señales, que han sido bautizadas como transitorios de radio de largo periodo (LPTs).
Cada una de ellas incluye una nueva característica que hace imposible encontrar un hilo conductor. O al menos había sido así hasta ahora, pues un nuevo grupo de investigadores australianos ha localizado una señal que reúne varias de las piezas del rompecabezas. Ha sido tan útil que coloquialmente la han bautizado como una piedra Rosetta del espacio.
Todas las piezas juntas. La señal localizada en 2018 (aunque se publicó en 2022) ocurría cada 18,18 minutos. Con esa periodicidad, una estrella de la Vía Láctea aumentaba su brillo durante 30-60 segundos, para luego reducirlo de nuevo. Más tarde se localizó un fenómeno similar, en el que se pudo ver más allá. Se identificó un sistema binario formado por una enana blanca y una enana roja. La interacción entre ambas producía la emisión de ondas de radio. Sin embargo, cuando se detectó otro LPT, las emisiones no eran de ondas de radio, sino de rayos X. ¿Cómo se iba a definir un solo fenómeno si cada cual era distinto al anterior?
La clave, finalmente, ha sido otro LPT, localizado inicialmente por el telescopio ASKAP, de la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth (CSIRO). Con él, y con la colaboración de otros telescopios, se ha identificado un sistema binario compuesto por una enana blanca y una enana roja, cuya interacción da lugar a un cambio de brillo periódico, acompañado de la emisión de ondas de radio y rayos X. Todo en uno. Con todas las piezas, ya sí se ha podido reconstruir el evento.
Cuatro telescopios para reconstruir la historia. El nuevo LPT ha sido bautizado como ASKAP J1745-5051. No se puede saber exactamente a qué distancia está, aunque las estimaciones lo sitúan entre una distancia de 1.300 a 30.000 años luz. Las observaciones realizadas con el radiotelescopio ASKAP permitieron localizar una emisión periódica de ondas de radio cada 81 minutos, que se correspondía con un posible LPT.
Con el fin de comprobar si se daban el resto de condiciones que se habían observado individualmente, se observó con otros tres telescopios. Por un lado, los telescopios espaciales Swift y Einstein Probe, con los que se detectaron emisiones de rayos X. Por otro lado, con el Telescopio de Investigación Astrofísica del Sur (SOAR). Con este se identificó un sistema binario compuesto por una enana blanca y una enana roja que orbitan entre sí con un periodo de 81 minutos. Todo cuadra.
La historia completa. La conclusión al unir todas las piezas es la siguiente. En cada órbita, la enana blanca, que tiene una gran masa concentrada en muy poco espacio, atrae gravitatoriamente a la enana roja y le extrae material. Este es canalizado por el campo magnético de la propia enana blanca hasta llegar a su superficie, donde choca, produciéndose un aumento de temperatura de millones de grados centígrados. Además, esta interacción tan violenta provoca la liberación de energía en forma de rayos X. Por otro lado, el gas acelerado por los campos magnéticos en choque de ambas estrellas es el que parece producir las señales de radio.
Una piedra Rosetta. El investigador principal de este nuevo estudio se llama Kovi Rose. Podríamos pensar que esto ha tenido que ver en el hecho de que se hable del hallazgo como una piedra Rosetta espacial. Y quizás haya influido un poco, pero la realidad es que hay más motivos. La piedra Rosetta original fue un fragmento de roca egipcia en el que había un texto escrito en tres idiomas distintos: griego antiguo, jeroglíficos y escritura demótica.
Gracias a que los arqueólogos de la época sabían hablar griego, pudieron usarlo como base para entender los jeroglíficos. Un idioma les permitió reconstruir otro. En este caso, el nuevo hallazgo también está en tres idiomas: las ondas de radio, detectadas por ASKAP, los rayos X, con los que trabajan Swift y Einstein Probe, y la luz visible de SOAR. Tres idiomas, tres piezas que al leerse juntas pueden ayudar a entender mucho mejor el conjunto. Con esta piedra Rosetta, los autores del estudio esperan poder desentrañar muchas de esas señales misteriosas del Universo.
Imagen | Hans Hillewaert (Wikimedia Commons)/Magnific
En Xataka | Creíamos que las pirámides de Guiza no escondían más secretos. Creíamos mal
–
La noticia
Hemos pasado años desentrañando una señal del espacio que no debería existir. Y al fin tenemos una «piedra Rosetta» para descifrarla
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
.
