
El mercado energético español se ha roto en dos mitades que parecen no tener relación entre sí. Por un lado, la trinchera del mercado minorista —la venta directa al consumidor— se ha convertido en un escenario de desgaste continuo donde los gigantes históricos sangran clientes a un ritmo inédito. Por otro, las salas de juntas de estas mismas corporaciones celebran los beneficios más altos de toda su historia.
¿Cómo es posible ganar más dinero que nunca perdiendo a cientos de miles de clientes? La respuesta define el nuevo paradigma del sector: las grandes eléctricas están dejando de ser «vendedoras de luz» para consolidarse como gestoras de colosales infraestructuras. El verdadero negocio ya no está en pelear el recibo mensual del ciudadano medio, sino en controlar los cables, los activos regulados y la energía que demandan los nuevos gigantes tecnológicos.
La sangría de los 1,3 millones de contratos. Las cifras de cierre de 2025 dibujan una fuga histórica. Según detalla El Independiente, Iberdrola y Endesa sufrieron una «caída sin precedentes», perdiendo conjuntamente casi 1,3 millones de clientes (1,279 millones exactamente) en los mercados de luz y gas. Endesa se dejó 645.000 contratos por el camino, mientras que Iberdrola perdió 634.000.
La actitud de las compañías ante esta fuga de usuarios es radicalmente distinta. El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, le restó importancia al asunto durante la presentación de resultados, tildándolo de «rotación normal» y presumiendo de la «enorme lealtad» de su núcleo duro de usuarios. En la otra cara de la moneda, Endesa sí ha encendido las alarmas: ha anunciado una inyección de 900 millones de euros hasta 2028 con el objetivo urgente de recuperar medio millón de clientes, apoyándose incluso en alianzas estratégicas como la reciente compra del negocio energético de Masorange.
El festín de las firmas alternativas. En el último año se batió un récord absoluto de movilidad, más de 7,25 millones de cambios de comercializadora. En otras palabras, casi uno de cada cuatro españoles decidió cambiar de tarifa. Los grandes ganadores de esta estampida han sido empresas como Octopus Energy, el grupo MásMóvil y, muy especialmente, Repsol. La petrolera ya se ha consolidado como el cuarto operador eléctrico del país, superando los 2,1 millones de clientes y arrebatando cuota de mercado directamente a las eléctricas tradicionales.
El modelo se rompe, pero la caja se llena. Cualquier manual de economía tradicional diría que perder más de un millón de clientes es una catástrofe financiera. Sin embargo, los balances dicen todo lo contrario. Como publica Cinco Días, Iberdrola pulverizó sus marcas al ganar 6.285 millones de euros en 2025 (un 12% más que el año anterior), mientras que Endesa alcanzó los 2.351 millones (un 18% más).
El secreto de esta paradoja lo explica a la perfección El Correo al analizar las cuentas de Iberdrola: los beneficios netos que provienen de la gestión de redes de distribución se dispararon un brutal 77%, mientras que la aportación del negocio de generación de energía cayó un 27%. En palabras sencillas, ganan menos vendiendo la luz al cliente final, pero ganan muchísimo más cobrando el «peaje» regulado por usar sus cables, especialmente en mercados con legislaciones muy atractivas como Estados Unidos y el Reino Unido, que ya acaparan el 60% de sus inversiones.
El futuro pasa por los cables. Las eléctricas van a dejar de obsesionarse con instalar paneles solares a cualquier precio para centrarse en los enchufes y las autopistas de transmisión. Endesa invertirá la cifra récord de 10.600 millones hasta 2028, destinando más de la mitad (un 52%) exclusivamente a las redes eléctricas.
Simultáneamente, echará el freno en las energías renovables, recortando su inversión un 20% debido a la «canibalización» (hundimiento de los precios) que sufre la energía solar en las horas de máxima producción. Iberdrola sigue la misma senda: el 62% de sus gigantescas inversiones del pasado año fueron a parar a las redes.
El otro gran vector: los centros de datos. Endesa ya tiene listos unos 3.000 MW de capacidad para nutrir a estas insaciables infraestructuras tecnológicas, destacando su macroproyecto híbrido en Pego (Portugal). Todo esto requerirá una columna vertebral nacional mucho más robusta; por ello, Redeia (matriz de Red Eléctrica) disparará sus inversiones un 70%, inyectando 6.000 millones en la red de transporte de alta tensión para soportar este boom tecnológico y la electrificación del país.
Además, este escenario viene acompañado de una fuerte presión de ambas compañías por alargar la vida útil de las centrales nucleares españolas, como la de Almaraz, defendiendo que pueden operar de forma segura hasta los 80 años para garantizar energía base barata y estable que el sistema necesita urgentemente.
Saturación de la red y limpieza del mercado. El contexto regulatorio explica muchas de estas decisiones operativas. España se enfrenta a un embudo burocrático monumental: el 83,4% de los nudos de distribución eléctrica están administrativamente saturados, lo que mantiene bloqueados 130 GW de energía renovable, a pesar de que físicamente la red está infrautilizada. Para evitar el colapso de la reindustrialización, la CNMC está diseñando nuevos «permisos de acceso flexibles» que cambiarán las reglas del juego.
Al mismo tiempo, la base de la pirámide del mercado está sufriendo una purga silenciosa. El Gobierno comenzó hace unos meses una limpieza histórica de las «comercializadoras fantasma». De las más de 900 firmas registradas en España, solo 416 tenían actividad real. El Ministerio para la Transición Ecológica ya ha empezado a inhabilitar a las empresas inactivas o morosas, traspasando a sus clientes para evitar riesgos sistémicos y sanear un mercado hipertrofiado.
La metamorfosis definitiva. El tradicional recibo de la luz ha dejado de ser el campo de batalla principal para los grandes tótems de la energía. Mientras ceden gustosamente —o por puro desgaste— el agotador cuerpo a cuerpo del mercado minorista a comercializadoras independientes y a petroleras en plena reconversión verde, Iberdrola y Endesa han ascendido a un ecosistema mucho más seguro, rentable y macroscópico. Han comprendido que el futuro no pertenece a quien vende la electricidad al consumidor final, sino a quien es dueño de las autopistas por las que, inevitablemente, toda esa energía tendrá que circular.
Imagen | Freepik y Alex Quezada
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La noticia
Iberdrola y Endesa perdieron 1,3 millones de clientes en 2025 por culpa de las eléctricas independientes: la gran paradoja de la energía española
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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