Ir el fin de semana a hacer una ruta por el campo es un plan que puede ser muy lúdico y sobre todo sano para nosotros los humanos. Pero… ¿Qué ocurre con la fauna autóctona de la zona? Esta es una pregunta que comienza a resonar bastante en la red, al ponerse el foco en el impacto que puede tener nuestra presencia en la montaña a las especies más emblemáticas de España como el águila real o la perdicera que han comenzado a tener una menor presencia.
Una solución tecnológica. La principal idea que se tenía en la mente es que los animales se estaban estrellando contra los senderistas y causaban grandes daños a su presencia en la montaña. Pero para resolver esta incógnita, los biólogos optaron por poner un dispositivo GPS en las águilas para monitorizar lo que hacían. Y la realidad es que no se están estrellando contra nosotros, sino que están huyendo.
El resultado. De esta manera, cuando se constata que no tenemos ningún tipo de colisión con las águilas que pueda responder a su cambio de comportamiento, nos tenemos que ir a dónde se van cuando estamos los humanos en la montaña. La Universitat de València en 2019 lideró esta investigación, detectando que sin lugar a dudas hay un «efecto fin de semana».
Este efecto se puede ver en los datos de telemetría que muestran que durante los sábados y los domingos, las águilas se ven obligadas a modificar sus rutas de caza. Todo ello para evitar a los humanos que entre otras cosas, pueden estar espantando a sus objetivos en tierra.
Un mayor gasto. En el momento que estas aves se tienen que ir hacia otras zonas para poder buscar comida por culpa de los senderistas, hay que cubrir una distancia más larga a la que están acostumbradas normalmente. Esto lo único que supone un mayor estrés fisiológico y un gasto energético que puede comprometer su reproducción o supervivencia, aunque jamás lleguen a tocar a un humano.
Pero además, esto se traduce en una situación que se conoce como ‘Paisaje del Miedo’, donde el animal percibe al humano no como un obstáculo físico, sino como un depredador potencial, lo que dispara sus niveles de estrés y cortisol, afectando a su capacidad para criar.
Las verdaderas amenazas. Para entender el peligro real que corren estas aves hay que mirar las diferentes estadísticas de mortalidad en España. En este caso aunque el sedentarismo causa una gran molestia a los animales, las causas de muerte son mucho más industriales y violentas. Según los estudios recopilados, como los del proyecto GER-EA, la principal causa de muerte está en la colisión con tendidos eléctricos y la electrocución.
Le siguen a esta el envenenamiento y los disparos, con un 13 y un 8% respectivamente. Pero lo que está claro es que los humano no somos un motivo de muerte directa por colisionar con nosotros cuando vamos haciendo sedentarismo por el campo.
Importa la distinción. Afirmar que las águilas chocan con senderistas puede sonar espectacular, pero desvía la atención del problema real que podemos solucionar como usuarios de la montaña. El estudio en Ecology and Evolution (2025) y los datos de Ecologistas en Acción señalan que el problema es la intrusión en zonas de cría. La escalada, los vehículos off-road y el senderismo fuera de pista cerca de los nidos provocan que los adultos abandonen la puesta o a los polluelos, dejándolos expuestos al frío o depredadores.
Imágenes | Mathew Schwartz
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La noticia
Ir a la montaña a hacer senderismo es cada vez más popular en España. Y quien lo está sufriendo son las águilas reales
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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