Japón se ha sumido en una loca espiral de envejecimiento que se está cobrando una víctima inesperada: la yakuza

Japón se ha sumido en una loca espiral de envejecimiento que se está cobrando una víctima inesperada: la yakuza

La yakuza es noticia en Japón. Y no por sus golpes, una redada policial especialmente exitosa o un cambio de política por parte del Gobierno de Sanae Takaichi para combatir la red criminal que lleva siglos filtrándose en la sociedad nipona. No. La yakuza es noticia porque tras varios años viendo cómo se diezman sus filas ha llegado a un mínimo histórico. Según las estadísticas de la policía, en 2025 sus grupos criminales sumaban unas 17.600 personas (entre miembros y aliados), lejos de las más de 80.000 de hace apenas una década y media.

Esa pérdida de fuerza se explica por el control de la policía y un giro en el hampa hacia nuevas redes criminales, pero también por una tendencia que afecta al resto del país: la yakuza envejece, igual que envejece la sociedad japonesa.

La yakuza está encogiendo. No corren buenos tiempos para la yakuza. No al menos en lo que a seguimiento se refiere. Las estadísticas de la Agencia Nacional de Policía muestran que la institución criminal por excelencia de Japón (y una de las más conocidas del mundo) ha visto cómo su base de miembros y afiliados ha caído a mínimos. En 2025 sumaban 17.600, 1.200 menos que el año anterior. Si nos fijamos solo en el núcleo duro, los integrantes de pleno derecho, el dato es aún más demoledor: se queda en 9.400, el más bajo desde que hay registros.

¿Tan malo es el dato? Sí. El problema no es que 2025 haya sido un año especialmente malo para la yakuza, sino que mantiene una tendencia que se remonta tiempo atrás. Nippon explica que la institución lleva al menos 21 años viendo cómo sus filas adelgazan poco a poco, trazando una curva negativa que no tiene visos de mejorar. A modo de referencia, el diario recuerda que hasta 2009 la yakuza contaba con más de 80.000 personas repartidas por todo el país. Si nos vamos a la década de 1960 esa base de apoyos era considerablemente mayor

La crisis parece estar afectando además (en mayor o menor medida) a las diferentes organizaciones que integran la yakuza. Nippon cita media docena de entidades que o bien han estancado su masa social o han perdido integrantes. La peor parada es Sexto Yamaguchi-gumi, que en 2025 se quedó en 3.100 miembros y 3.200 afiliados. Son 200 y 400 menos respectivamente que un año antes.

Curioso sí, nuevo no. Los datos de 2025 resultan reveladores, pero probablemente sorprendan a poca gente en Japón. El país lleva años leyendo titulares que informan de la paulatina pérdida de base de las redes del crimen organizado. En 2022 la Agencia de Policía ya desveló que el número de miembros y asociados de los grupos mafiosos había descendido a 24.100, la cifra más baja desde al menos 1958, primer ejercicio con estadísticas. Solo unos años después las filas de la yakuza bajaron de la barrera de los 20.000, un nuevo mínimo.

¿Cuál es el motivo? Como suele ocurrir con todos los fenómenos sociales, estén o no relacionados con el crimen, esa tendencia se explica por una suma de factores. En el caso de las bandas niponas hay sin embargo uno particularmente interesante: la edad. The Japan Times revela que una de las teorías que manejan las autoridades para explicar ese descenso es el envejecimiento que padecen los grupos organizados. La yakuza es cada vez más vieja, igual que Japón.

En 2022 la policía japonesa calculaba que el 30,8% de los miembros tenían entre 50 y 59 años, lo que lo convertía en la cohorte más numerosa. El de personas de entre 60 y 69 años representaba el 12,5% y los septuagenarios el 11,6%. Más del 50% tenían 50 o más años. En general la edad media de los integrantes era de 54,2 años, siete más que una década antes. Los miembros de entre 40 y 30 años suponían el 12,9% y los que se movían en la veintena no pasaban del 5,4%.

Un país cada vez más envejecido. Que las filas de la yakuza estén envejeciendo se explica por varias razones. Una, clave, es que Japón en general está envejeciendo. El país lleva años sumido en una grave crisis demográfica que ha hundido su natalidad y elevado la edad media de la población.

Según los registros de Statista, en 1950 ese indicador marcaba 21,3 años, a mediados de los 90 había subido ya a 39 años y en 2020 rozaba los 48. Sus previsiones pasan por que a finales de este siglo la media supere holgadamente los 50 años. ¿El resultado de esa deriva? Japón presenta uno de los peores porcentajes de población mayor de 65 años: representa más del 29%.


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Una palabra: tokuryū. Hay sin embargo otro factor que explica que las organizaciones que forman la yakuza estén cada vez más envejecidas. No se trata de que el crimen se esté desvaneciendo en Japón, más bien está transformándose y lo hace inclinándose hacia un nuevo formato: los tokuryū, redes delictivas que huyen de los modelos jerarquizados y bien estructurados, como la yakuza.

Los tokuryū (la palabra es la suma de tokumeik, «anónimo» y ryūdo, «fluido») operan a menudo como grupos de delincuentes que se forman para dar golpes, sin estructura, códigos, rigidez organizativa o vínculos. Esa naturaleza les priva de algunas de las ventajas de la yakuza, pero también tiene sus puntos fuertes. A la policía le resulta difícil lidiar con grupos tan poco cohesionados. Y también parecen ofrecer un modelo atractivo para los delincuentes más jóvenes. 

The Japan Times asegura que el año pasado se detuvo a 12.178 personas relacionadas con tokuryū, 2.073 más que en 2024. Gran parte de ellos eran menores de 40 años o incluso veinteañeros, lo que da otra pista sobre los cambios que vive el mundo del hampa. «La aversión de las generaciones más jóvenes hacia las organizaciones yakuza, con estrictos códigos de conducta y jerarquías, es un factor que contribuye a su declive», precisa el diario Sankei Shimbun.

Combatiendo el crimen. A la hora de explicar la sangría de la yakuza, las autoridades apuntan otro factor más: la labor de los legisladores y policías. En concreto señalan una mayor aplicación de la ley y de ordenanzas que complican la participación de empresas y personas particulares en el crimen organizado. 

Para combatir el crimen el país ha llegado a complicar que los yakuza fichados puedan realizar gestiones tan simples como abrirse una cuenta en el banco, tener una tarjeta de crédito a su nombre o contratar pólizas de seguro. Con ese telón de fondo su magnetismo parecen estar diluyéndose entre los más jóvenes.

Imágenes | Elmimmo (Flickr) 1 y 2

En Xataka | Solo una mujer ha logrado sumarse a las filas de la yakuza japonesa: Nishimura Mako, la «maestra del corte de dedos»


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Japón se ha sumido en una loca espiral de envejecimiento que se está cobrando una víctima inesperada: la yakuza

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Xataka

por

Carlos Prego

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