
No corren tiempos fáciles para la industria del alcohol. Y no solo por el fuego cruzado de la guerra comercial, los vaivenes de precios o la aparente pérdida de interés de la Generación Z por la bebida. A medida que los clientes demandamos menos whisky, coñac y tequila, los gigantes del sector se han encontrado con un stock creciente que algunas estimaciones cifran ya en 22.000 millones de dólares. Miles y miles de botellas que amenazan con tensar las finanzas de los grandes fabricantes y (aún peor) desatar una guerra de precios que empañe su futuro.
«La acumulación de inventarios no tiene precedentes», advierten.
Un enorme «lago de licores». Así describía hace poco Financial Times el panorama con el que se han encontrado los grandes fabricantes de destilados, gigantes del sector que tienen sus almacenes llenos de botellas a las que no dan salida. Para ser exactos, el diario asegura que cinco de los titanes de la industria que cotizan (Diageo, Pernod Ricard, Campari, Brown Forman y Rémy Cointreau) suman un stock de bebidas espirituosas añejas valorado en 22.000 millones.
Rompiendo esquemas. Si la cifra parece alta es porque lo es. Esos 22.000 millones de dólares marcan el mayor nivel de stock en más de una década y ya hay quien advierte que pintan un panorama delicado. «La acumulación no tiene precedentes», reconoce a FT Trevor Stirling, analista de Bersntein. El caso más extremo sería el del fabricante de coñac francés Rémy Cointreau, que según el diario acumula existencias añejas por valor de 1.800 millones de euros. Casi el doble de sus ingresos anuales y cerca de su capitalización bursátil global.
¿Hay más datos? Sí. En los últimos años el porcentaje de stock maduro sobre el total de ventas netas ha aumentado de forma clara en Rémy, pero también en Brown-Forman, Campari, Diageo y Pernord Ricard. Por ejemplo, en el caso de la multinacional británica Diageo esa relación se ha incrementado de forma clara en solo unos años: si en el ejercicio fiscal de 2022 suponía el 34% ahora es del 43%.
El problema no es solo de los grandes fabricantes de whisky escocés, coñac y tequila. Los datos del Consejo Regulador del Tequila muestran que al cierre de 2023 la industria mexicana contaba con un stock de 525 millones de litros de esa popular bebida destilada. La cifra (suma del producto en barricas o pendiente de embotellado) equivale casi a la producción anual del país. «Se destila mucho más licor nuevo del que se vende, y el stock empieza a acumularse», añade Bernstein.
Una bomba de relojería. La acumulación de stock no es preocupante solo por lo que nos sugiere sobre el ritmo de ventas pasado y actual. Lo es sobre todo por sus implicaciones de cara al futuro. Con más barriles y botellas acumulando polvo en las bodegas de los grandes fabricantes hay quien ya teme que se desate una guerra de precios, un pulso en el mercado que agravaría la situación.
Por lo pronto, FT recuerda que hay fabricantes que han optado por pisar el freno en sus factorías. Es el caso de Diageo, que ha suspendido la producción de whisky en varias fábricas, o del productor de bourbon Jim Bean (Suntory), que ha hecho algo parecido con su principal destilería de Kentucky. El problema: a menudo el sector de las bebidas añejas trabaja a varios años vista, con lo que pausar su producción hoy puede comprometer la oferta en un lustro o una década.
¿Cuál es la razón? Para entender el stock actual de la industria hace falta manejar varias claves. Por ejemplo, los vaivenes en la demanda de los últimos años y las previsiones con las que han trabajado los fabricantes. Al inicio de la pandemia el sector registró un aumento de consumo de destilados en EEUU, lo que llevó a un aumento de la producción. Tras la crisis sanitaria y con la inflación como telón de fondo el mercado volvió sin embargo a la normalidad.
Es más, la industria tuvo que lidiar con nuevos desafíos que a priori poco tienen que ver con su negocio. El primero es la guerra comercial desatada el año pasado, un escenario al que la industria del alcohol no fue ajena. De hecho si Jim Bean se planteó suspender la producción de su principal destilería fue precisamente por el aumento de stock y la incertidumbre generada por los aranceles.
Otro factor clave es que el consumo de alcohol (al menos de cierto tipo de alcohol) parece estar moderándose a medida que más gente se centra en su salud física y consume medicamentos para perder peso, como Wegovy u Ozempic. No es nada excepcional si se tiene en cuenta que en 2023 un estudio de Walmart ya advirtió que el consumo de Ozempic estaba reduciendo las ventas de alimentos.
La gran pregunta. Más allá de esos factores coyunturales sobrevuela una pregunta clave para la industria: ¿Estamos consumiendo en general menos alcohol? ¿Bebemos menos nosotros que nuestros padres y abuelos? ¿Y beberán menos las nuevas generaciones en las que deberá apoyarse el sector en un par de décadas? Hay datos que así lo sugieren. La plataforma Our World in Data ha elaborado un gráfico sobre consumo per cápita que refleja que casi todos los países analizados ingieren menos alcohol que hace unas décadas.
No es el único estudio que apunta en esa dirección. Otro reciente de Gallup constata que en EEUU el consumo ha caído a su nivel más bajo desde la menos 1930 y las tablas de la OECD muestran también que muchos de sus países (no todos) han visto cómo la ingesta de litros por persona y año se redujo entre 2013 y 2023. Hay quien ya advierte que la tendencia no tiene pinta de que vaya a frenarse, afectando de lleno a las cuentas de la industria de los destilados.
Imágenes | Paolo Bendandi (Unsplash), OECD y Our World in Data
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La noticia
La gran crisis del alcohol ha dejado a su industria con una bomba de relojería: un stock de miles de millones de dólares
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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