La ultraderecha italiana buscaba una forma de lavar su imagen. Encontró la fórmula en ‘El Señor de los Anillos’

La ultraderecha italiana buscaba una forma de lavar su imagen. Encontró la fórmula en 'El Señor de los Anillos'

En noviembre de 2023, la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, inauguró una exposición sobre J.R.R. Tolkien en la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma, organizada por su Ministerio de Cultura. Nada inusual, excepto que Meloni lleva más de treinta años entendiendo ‘El señor de los anillos‘ como un «texto sagrado». Así es como la legendaria trilogía de fantasía británica acabó convirtiéndose en catecismo político para la extrema derecha italiana.

Empezamos mal. La primera edición italiana de ‘El señor de los anillos’ se editó en 1970, con un prólogo firmado por el filósofo Elémire Zolla, que interpretaba la obra como una alegoría de comunidades «puras» amenazadas por invasores extranjeros. Para las juventudes del Movimento Sociale Italiano (el MSI, partido fundado en 1946 por veteranos del fascismo de Mussolini) aquella lectura fue una iluminación. Como señaló en su reseña del libro de 1975 el líder de la juventud de extrema derecha Marco Tarchi, la obra era perfecta para la derecha joven precisamente porque no cargaba con el peso de la historia fascista.

Se busca reubicación. El MSI llevaba años intentando reencuadrar su identidad en un país donde la izquierda dominaba culturalmente, con el viejo fascismo lógicamente estigmatizado. Necesitaban algo nuevo que sirviera para renovar los símbolos. El universo imaginado por Tolkien les dio la oportunidad de articular una identidad política en torno a valores de virtud y antimodernidad, valores que ya llevaba décadas predicando Julius Evola, el filósofo místico ultranacionalista que abogaba por una jerarquía racial de estirpe pagana y aristocrática.

El Woodstock fascista. En 1977, líderes de MSI (y, sobre todo, de su facción juvenil) organizaron lo que se conocería como Campamentos Hobbit. El primero se celebró durante dos días en el sur de Italia y reunió a jóvenes de todo el país. Superficialmente, el evento tenía el aspecto de un festival de música folk: escenarios con actuaciones, tiendas de campaña, puestos con libros y camisetas. Eso sí, una docena de chicos musculosos mantenía el orden, y se les distinguía por llevar brazaletes con una cruz celta. Llamándolos Campamento Hobbit se quería que los asistentes se identificaran con estos pequeños seres: conservadores, arraigados a la tradición, reticentes al cambio y a los extranjeros…

El conjunto no disimulaba su filiación: banderas con cruces célticas ondeaban en perfecta armonía con la estética tolkieniana, la banda Compagnia dell’Anello (es decir, «Comunidad del Anillo») tocaba canciones sobre la vieja y buena identidad europea. Su himno, de hecho, fue ‘Il domani appartiene a noi’ («El mañana nos pertenece»), cuyo título era una réplica deliberada de la estremecedora canción de las Juventudes Hitlerianas en ‘Cabaret‘, titulada ‘El mañana me pertenece’. También se lanzó una revista femenina llamada ‘Éowyn’, en honor a la princesa de Rohan. Estos campamentos dejaron de celebrarse en 1981, cuando habían cumplidfo su función como espacios de reclutamiento y adoctrinamiento, encubiertos bajo una capa de celebración de la cultura popular.

Meloni la cosplayer. Meloni tenía cuatro años en 1981. Pero una década después asistió al revival de estos campamentos: Hobbit 93, celebrado en Roma, donde cantó junto a la banda Compagnia dell’Anello. Había llegado a Tolkien a los 11 años y se había unido a las juventudes del MSI poco después. Como activista juvenil, Meloni y su grupo de militantes se ponían motes tolkienianos, visitaban institutos disfrazados para pescar a los chavales y se reunían al «toque del cuerno de Boromir» para realizar charlas temáticas de reclutamiento político.

En su autobiografía ‘Io sono Giorgia‘, publicada en 2021, Meloni describió a Sam como su hobbit favorito: ni fuerte, ni veloz, ni majestuoso, un hobbit corriente pero sin cuya ayuda Frodo jamás habría completado su misión. Una metáfora del poder transformador de la gente ordinaria.

Texto sagrado. La admiración no ha disminuido con los años. Meloni ha dicho que considera ‘El señor de los anillos’ no una fantasía, sino un texto sagrado. En una entrevista con ‘The New York Times’ en 2022 declaró que «Tolkien puede explicar mejor que nosotros en qué creen los conservadores». La noche de las elecciones generales que ganó, su hermana Arianna publicó en Facebook una carta de celebración repleta de referencias tolkienianas. Y en el mitin final de campaña, el actor Pino Insegno, la voz italiana de Aragorn, la presentó ante el público reproduciendo el discurso del personaje frente a las Puertas de Mordor.

No es la única referencia fantástica que maneja Meloni: el festival político que la dirigente fundó, que atrae a figuras como Elon Musk o Viktor Orbán y que ha sido definido como el mayor evento de la corriente conservadora europea se llama Atreju, en honor al héroe de ‘La historia interminable’.

Expo Tolkien. En noviembre de 2023, Meloni inauguró en Roma la exposición ‘Tolkien: hombre, maestro, autor’, organizada por su Ministerio de Cultura para conmemorar los cincuenta años de la muerte del escritor. Las críticas fueron abundantes: varios analistas señalaron el conflicto de intereses de un gobierno con raíces posfascistas dedicando recursos públicos a ensalzar el libro que había servido de catecismo a sus precursores.

Algunos matices. No todos los analistas ven como tan nuclear la importancia de Tolkien en las bases de la nueva ultraderecha italiana, por mucho que Meloni sí se exhiba como fuerte devota del texto. El politólogo Piero Ignazi señalaba, por ejemplo, que los Campamentos Hobbit fueron organizados por una facción minoritaria del MSI, y que el foco en hobbits y elfos forma parte de la estrategia de comunicación personal de Meloni: la imagen de una mujer menos agresiva que otros líderes de la ultraderecha, con referencias culturales accesibles.

¿Pero es fascista Tolkien? En cuanto a si El Señor de los Anillos es de derechas, basta con recordar que Tolkien escribió la trilogía durante el auge del nazismo y el fascismo y rechazó publicar ‘El Hobbit’ en alemán cuando le pidieron que acreditara ascendencia aria. Posiblemente, le habría repugnado la idea de que los hobbits sean leídos como opuestos al cambio y devotos de preservar las tradiciones. Aun así, su obra sigue sirviendo de base para movimientos dudosos: tal y como analizó Arc Magazine en 2025, sectores de la derecha tecnológica de Silicon Valley, alineados con el ala MAGA, extrajeron de Tolkien una legitimación para su visión de un Estado privatizado y militarizado, combinando poder oligárquico con imaginería épica.

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John Tones

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