Llevamos décadas sin entender por qué el dolor crónico castiga más a las mujeres. Al fin tenemos la respuesta

Llevamos décadas sin entender por qué el dolor crónico castiga más a las mujeres. Al fin tenemos la respuesta

Históricamente, la medicina ha lidiado con una brecha de género innegable en la que las mujeres sufren dolor crónico con una mayor frecuencia que los hombres, y encima sus brotes de dolor durante mucho más tiempo. Esto es algo que por muchos médicos se ha achacado de ‘normal’ y se ha despachado con sesgos psicológicos. Pero ahora la ciencia ha visto que no hay que buscar en la mente una explicación, sino en el sistema inmunológico. 

Contra el dolor. Este es el objetivo que tiene la medicina ahora mismo, puesto que sin duda es una situación que para muchas personas puede ser insufrible. Es por ello que la revista Science Immunology publica ahora un nuevo estudio que ofrece un cambio de paradigma en nuestra comprensión de la biología del dolor. 

El resultado de este es que ha conseguido dar con la clave en unos tipos de glóbulos blancos llamados monocitos y en su relación directa con la testosterona. 

¿Qué ocurre? Cuando se sufre una lesión, como por ejemplo un golpe, el cuerpo trata de defenderse con una respuesta inflamatoria. Uno de sus componentes es el dolor, que es una señal de alarma necesaria para avisar de que algo va mal, pero una vez que el tejido comienza a sanarse, lo lógico es que esta alarma se apague. Pero aquí es donde entran las células de defensa del organismo, los monocitos, que actúan como ‘bomberos’ liberando unas proteínas llamadas interleucina-10. 

Aquí el equipo de investigación ha podido ver que esta interleucina-10, abreviada como IL-10, actúa directamente sobre las neuronas sensoriales para «apagar» la hipersensibilidad y por ende el dolor. El problema, y aquí radica la importancia entre sexos, es que los hombres resuelven este dolor inflamatorio mucho más rápido porque producen una mayor cantidad de esta proteína. 

El motivo. La testosterona. Esta hormona sexual masculina estimula a los monocitos para que produzcan mayores niveles de IL-10 tras una lesión, y por ende se puede reducir mejor el dolor. Pero en las mujeres este nivel de testosterona es mucho menor, y por ende la producción de este ‘analgésico’ natural es menor, lo que provoca que las neuronas sensoriales tarden mucho más en dejar de dar la señal que genera el dolor. 

Su demostración. Más allá de hacerlo en los modelos animales, el equipo de investigación ha podido validar los experimentos con datos humanos procedentes del estudio AURORA, que es un proyecto que evalúa a pacientes que han sufrido accidentes de tráfico y traumas severos. 

Aquí los datos clínicos confirmaron las sospechas del laboratorio, puesto que vieron que la eliminación o reducción de la actividad de la IL-10 en los monocitos retrasa significativamente la resolución del dolor en ambos sexos, validando que esta diferencia inmunológica mediada por hormonas es exactamente igual en humanos. 

En el futuro. Este descubrimiento no es solo una curiosidad biológica más para cerrar un debate histórico, sino que tiene unas importantes implicaciones terapéuticas. Y es que ahora mismo la crisis de dolor severo se tiene que tratar con opiáceos en muchas ocasiones, que tienen una gran lista de efectos secundarios. Pero al descubrir este mecanismo celular, los investigadores probaron a administrar Resolvina D1, un compuesto que fomenta la resolución de la inflamación. Aquí se vio claramente cómo el dolor se veía reducido en ambos sexos por igual. 

Es por ello que estamos ante la puerta de entrada a una nueva generación de terapias no opioides que modulan el sistema inmunitario de forma específica. Pero lo que es más importante de este estudio es que se subraya la necesidad de dejar atrás el modelo de «talla única» en la medicina para avanzar a una medicina más personalizada. 

Imágenes | Redd Francisco

En Xataka |  La medicina lleva siglos recurriendo a los opiáceos para aliviar el dolor. La ciencia tiene al fin una alternativa


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Llevamos décadas sin entender por qué el dolor crónico castiga más a las mujeres. Al fin tenemos la respuesta

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José A. Lizana

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