
Hainan es una pequeña provincia de China formada por más de 200 islas que salpican el mar de China Meridional. Aunque históricamente ha sido una región agrícola, ha despuntado como destino turístico y no me extraña, viendo sus playas tropicales y sus frondosos bosques. Además, el gobierno chino ha considerado la región como «zona económica especial«. Y la ciudadanía más pudiente de un país lo está aprovechando: Rusia.
Hainan es la nueva Crimea Marbella. Aunque desde el año pasado la lista de visitantes de Hainan no permite desglosar por países, el New York Times recoge que el número de visitantes rusos se ha multiplicado por once entre 2023 y 2024. Así, los rusos ya son la nacionalidad extranjera más numerosa. Solo en la temporada alta de invierno la isla de Hainan, la más grande de la provincia, recibe ocho o más vuelos diarios procedentes de ciudades de toda Rusia. La situación choca frontalmente frente al repliegue del turismo ruso en Europa. Menudo cambio de aires.
¿Por qué Hainan? Más allá de sus paradisíacos parajes que mencionábamos en la intro, que ahora mismo estén gozando de máximas de 24 grados o que sea un destino barato, Hainan goza de políticas especiales como el libre comercio y más flexibilidad en general para asuntos gubernamentales.
Así, el gobierno chino ha favorecido la inversión extranjera y ha levantado la mano con los visados (desde 2024 en Hainan y a todo el país desde noviembre). Su política de exención permite que la ciudadanía de 59 países puedan entrar para una escapadita turística de hasta 30 días. Entre ellos, Rusia por supuesto.
Como en casa. Dejando a un lado esa personalidad china contenida y hospitalaria, el engranaje de la isla está orientado a agradar al turismo. No obstante, es una de las grandes apuestas para revitalizar la región. Y se nota: cartas y carteles traducidos, guías que hablan el idioma, poder encontrar productos de la gastronomía rusa y hasta que los altavoces de la playa, controlados por el gobierno local, reproduzcan éxitos rusos.
El New York Times recoge que hasta las celebraciones de año nuevo en la playa llegaron a buen puerto ante unas autoridades vigilantes pero relajadas, más allá de advertir que no se podían tirar fuegos artificiales. Hasta han abierto una copia de la afamada cadena de restaurantes moscovitas Chaihona No. 1, que en China tiene su homólogo en el Chaihona No. 9.
No hace falta bajar la voz. Puede que hablar de Taiwán o Hong Kong sea espinoso allí, pero el turismo ruso puede expresarse con tranquilidad en su idioma sin generar incómodas miradas de reojo. La geopolítica ajena no genera incomodidad en Hainan, algo que sí que sucede en Europa.
Hola, Hainan, adiós, Europa. Resulta inevitable establecer cierto paralelismo con la teoría de los vasos comunicantes en tanto en cuanto y aunque con altibajos, desde 2019 presenta una tendencia a la baja en Europa, llegando a un 90% menos en 2022, según datos de Schengen Visa Info. Así, si en 2019 cuatro millones de rusos visitaron el viejo continente, en 2024 la cifra bajó hasta los 1,4 millones.
Dejando al margen el periodo COVID-19 que afecto a todo el mundo, los rusos tienen su propia casuística, con la guerra con Ucrania y la consecuente endurecimiento a la hora de conseguir visados como principales razones. Aunque el programa de sanciones contra Rusia es de aplicación en todo el continente, hay países más laxos que otros. Sin ir más lejos, Italia, Francia, España y Grecia, los destinos favoritos de la ciudadanía rusos, están entre ellos.
Como detalla el Russian Travel Digest, pese a una tímida recuperación en 2025, la ciudadanía rusa viaja a Europa de 40 a 50 veces menos. Se han buscado nuevos destinos tanto dentro del viejo continente (Turquía o Belgrado), pero también fuera
Portada | Yubin Zhou
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La noticia
Marbella ya no es el destino favorito de los millonarios rusos: ahora es una paradisiaca isla de China donde no rinden cuentas
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Xataka
por
Eva R. de Luis
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