Sierra fue el segundo superordenador más potente del mundo. Cuando llegó su hora acabó en la trituradora, literalmente

Sierra fue el segundo superordenador más potente del mundo. Cuando llegó su hora acabó en la trituradora, literalmente

Los superordenadores representan el extremo de la informática moderna: máquinas capaces de realizar cantidades ingentes de cálculos cada segundo y de sostener proyectos científicos o estratégicos de enorme complejidad. Sierra fue uno de esos gigantes. Durante años operó en el Lawrence Livermore National Laboratory, donde se encargó de simulaciones de altísima sensibilidad para el Gobierno de Estados Unidos. En su momento llegó a ocupar el segundo puesto del ranking TOP500, que clasifica a los superordenadores más rápidos del mundo. Pero en la computación de alto rendimiento incluso los sistemas más avanzados tienen una vida limitada. Tras siete años de servicio, Sierra ha sido retirado.

Un gigante para simulaciones. Cuando Sierra comenzó a operar en 2018 en las instalaciones de Livermore se incorporó a la infraestructura de computación de alto rendimiento del centro para apoyar el programa de mantenimiento del arsenal nuclear gestionado por la National Nuclear Security Administration. En lugar de recurrir a pruebas nucleares reales, los científicos utilizan simulaciones informáticas capaces de reproducir el comportamiento de las armas y de los materiales implicados en su diseño. Este trabajo exige una potencia de cálculo extraordinaria y también tiene implicaciones en ámbitos como la no proliferación y el contraterrorismo.

Casi en lo más alto del ranking. Como señalamos arriba, durante varios años, Sierra figuró entre las máquinas más rápidas del planeta. Según el ranking TOP500, llegó a registrar 94,64 petaflops, es decir, decenas de cuatrillones de operaciones de coma flotante por segundo. Para lograrlo utilizaba una arquitectura poco habitual en su momento, basada en procesadores IBM Power9 combinados con aceleradores gráficos NVIDIA Volta V100. Este diseño permitía repartir el trabajo entre miles de nodos de cálculo y ofrecía un salto notable respecto a generaciones anteriores de supercomputación.

Cuando el hardware empieza a fallar. Los superordenadores no escapan a una realidad común a cualquier infraestructura tecnológica: con los años, el hardware comienza a deteriorarse. En este tipo de sistemas, la vida útil habitual se suele situar en torno a los cinco a siete años, un plazo a partir del cual la tasa de fallos empieza a crecer y mantener el sistema se vuelve más complejo. A medida que estas máquinas acumulan horas de funcionamiento, aumenta la probabilidad de que determinados componentes fallen o necesiten ser reemplazados. En el caso de Sierra, además, parte del problema ya era muy concreto: algunos de sus componentes habían dejado de fabricarse y la versión del sistema operativo que utilizaba había perdido soporte.

El sucesor. La retirada de Sierra también está relacionada con la llegada de una nueva generación de supercomputación al centro. En 2025 comenzó a operar El Capitan, el sistema destinado a ocupar su lugar dentro de la infraestructura de cálculo del laboratorio. Aunque a simple vista ambos pueden parecer instalaciones similares, la diferencia está en el interior. El Capitan utiliza una arquitectura basada en las APU AMD Instinct MI300A y un sistema de memoria compartida entre CPU y GPU, lo que le permite alcanzar un rendimiento muy superior. Según los datos publicados por el laboratorio, esta máquina puede llegar a 1,809 exaflops, aproximadamente 19 veces más rápido que Sierra en su punto máximo según TOP500.

Desmontar un superordenador pieza a pieza. El final de Sierra no consistió simplemente en apagar el sistema y dejarlo fuera de servicio. El proceso se llevó a cabo en varias fases que comenzaron con la retirada progresiva de nodos de cálculo y componentes internos. Los técnicos desmontaron racks completos, extrajeron baterías y separaron distintos elementos para su reciclaje o destrucción controlada. Algunas partes, como placas del sistema o estructuras metálicas, fueron enviadas a instalaciones especializadas para su trituración. Dado que Sierra había trabajado con simulaciones vinculadas al arsenal nuclear estadounidense, el laboratorio debía impedir cualquier posibilidad de recuperación parcial de datos o reconstrucción de información sensible, de ahí que los dispositivos de almacenamiento recibieran un tratamiento todavía más estricto.

Imágenes | Departamento de Energía de Estados Unidos

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Sierra fue el segundo superordenador más potente del mundo. Cuando llegó su hora acabó en la trituradora, literalmente

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Javier Marquez

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