
Durante más de cuatro décadas, Sony Bravia fue la crème de la crème. Si querías lo mejor, no había vuelta de hoja. Sony era el Apple de las pantallas: premium, aspiracional y con una calidad que justificaba pagar más que por cualquier otra marca. Pero esa era, al menos tal y como la conocemos, va a acabar.
La compañía japonesa firmó un acuerdo con la china TCL para crear una empresa conjunta que asumirá toda su división de entretenimiento doméstico. TCL controlará el 51%, Sony conservará el 49%. Las TV seguirán llevando el logo Bravia, pero lo demás cambiará. A partir de abril de 2027, Sony ya no fabricará sus propios productos.
Y aunque entre los más amantes del sector estamos algo nostálgicos, hay motivos para alegrarse mirando a Apple. Cuando Steve Jobs cerró la última fábrica propia en California en 2004 y entregó la producción a China, muchos creyeron que era el principio del fin. Dos décadas después, Apple es una de las empresas más valiosas y respetadas del mundo. Ahora Sony apuesta por la misma fórmula, aunque 20 años después y con un mercado de televisiones con poco margen de innovación.
Adiós a la Sony que conocimos
Para quienes crecimos viendo Sony en casa, esto duele un poco. Los Trinitron eran la referencia absoluta en los 80 y 90. Las Wega redefinieron el diseño a principios de los 2000. Y cuando llegaron las Bravia, la marca japonesa volvió a demostrar que nadie entendía la imagen como ellos.
Sony incluso fabricó sus propios paneles durante años. Fue pionera en OLED y mantuvo plantas de LCD hasta 2013, cuando cerró esas operaciones y empezó a comprar paneles a Samsung y LG Display. Pero siempre los afinaba obsesivamente. Modos para cine de autor, calibración perfecta para PlayStation, procesadores propios que exprimían cada píxel. Una tele Sony no era solo hardware mejor, era toda una declaración de intenciones sobre cómo debía verse el contenido.
Eso es exactamente lo que está en juego. Sony conservará su tecnología de procesamiento y su reputación, pero cede el control industrial a TCL. Y cuando cedes el 51% de las decisiones, por mucho que el logo siga siendo el mismo, ya no eres tú quien manda de verdad.
Una de las primeras fábricas de televisores de Sony
Apple pasó de fabricar ellos mismos a confiar en otros
Apple no inventó la externalización, pero sí la perfeccionó hasta convertirla en su mayor ventaja competitiva. Durante los años 80 y 90, Apple fabricaba sus ordenadores en plantas propias en California, Texas e Irlanda. Tenía el control total, pero también todos los costes y riesgos.
El cambio empezó a finales de los 90 con Tim Cook. Apple cerró progresivamente sus fábricas y migró toda la producción a China. En 2004, cuando clausuró la planta de Elk Grove, California, completó su transformación: diseñaría productos y controlaría la experiencia, pero otros pondrían las fábricas.
Fábrica propia de Apple en Estados Unidos
Hoy Apple no posee ni una sola línea de ensamblaje. Foxconn produce el más de la mitad de los iPhone en Zhengzhou, Pegatron se encarga de otro porcentaje, y fabricantes en India y Vietnam absorben el resto. Apple mantiene cientos de ingenieros en esas plantas, diseña los procesos de producción y audita cada detalle. Pero las instalaciones, los trabajadores y la inversión en maquinaria son de otros.
El resultado: Apple puede lanzar un iPhone nuevo cada año con volúmenes de decenas de millones sin asumir el riesgo de tener fábricas vacías el resto del tiempo. Gana flexibilidad, reduce costes fijos, y traslada los riesgos laborales y políticos a sus socios.
Fábrica de Foxconn para Apple en China
Sony sigue el mismo camino, pero con mucho más en juego
El acuerdo con TCL replica esa estrategia. Sony conserva el 49%, TCL el 51% y aportará toda la infraestructura de fabricación. Desarrollo, diseño, manufactura, logística, ventas y servicio posventa pasarán a manos de la empresa conjunta. Esto es algo por lo que Apple no pasó, y puede ser la diferencia entre los dos tipos de acuerdo.
Las pantallas seguirán llevando el nombre Sony Bravia. La japonesa mantendrá su tecnología de audio e imagen «cultivada durante años», pero las fábricas, las líneas de producción y la capacidad de inundar el mercado con paneles de gran pulgada a precios competitivos vendrán todas de TCL.
Y es que TCL puede fabricar unidades de más de 65 pulgadas a costes que Sony jamás alcanzaría con sus propias plantas. El mercado de Smart TV se ha convertido en una guerra de escala, y Sony llevaba años perdiendo terreno frente a Samsung, LG y las propias marcas chinas.
Pero aquí está el problema gordo: Apple migró a este modelo cuando todavía era pequeña y podía pivotar sin arrastrar décadas de reputación construida precisamente sobre el control obsesivo. Bravia lleva más de 40 años siendo la referencia. Esa reputación se forjó controlando hasta el último detalle. Ahora tendrá que mantenerla cuando otro tenga la última palabra.
Apple y Sony: una relación que viene de lejos
Apple y Sony siempre han estado más cerca de lo que parece. Steve Jobs admiraba profundamente a Sony y llegó a valorar llevar macOS a los ordenadores VAIO. La marca japonesa incluso subió al escenario en keynotes de Apple para presentar colaboraciones. Y hoy Sony Pictures produce contenido original para Apple TV. La relación entre ambas va mucho más allá de ser simplemente cliente y proveedor.
Mientras Sony adopta el modelo Apple en televisores, hay una curiosa ironía. Sony ya fabrica componentes premium para Apple: las pantallas micro OLED del Vision Pro. Sony produce las dos pantallas 4K, los componentes más caros del dispositivo.
Cada pantalla cuesta 432 dólares y representa el 35% del coste total de materiales. Sony solo puede fabricar 900.000 unidades al año y rechazó ampliar capacidad cuando Apple se lo pidió en 2023, limitando la producción a 400.000 unidades anuales.
Pero para nuestra tranquilidad, en pantallas micro OLED industriales Sony mantiene el control y fabrica para otros, Apple. Es solo en televisores comerciales donde cederá la fabricación a TCL.
Steve Jobs y Ando Kunitake (presidente de Sony Corporation)
El fin de una era, el inicio de otra
El mercado de Smart TV empujó a Sony contra las cuerdas. Samsung y LG han dominado con sus paneles OLED y QD OLED. Las marcas chinas inundan las tiendas con pantallas enormes y baratas. Sony podía seguir siendo una marca de nicho cada vez más pequeña, o arriesgarse a crecer con un socio que tiene el músculo industrial que ella ya no tiene.
Eligió lo segundo. Y con esa elección, algo muere. La Sony Bravia que conocimos, la que fabricaba con ese orgullo japonés, desaparece. Queda el nombre, la tecnología de imagen, y la promesa de que seguirá siendo premium.
Apple demostró que puedes externalizar y seguir vendiendo productos aspiracionales. Pero Apple también controló cada paso del proceso, invirtió fortunas en I+D, y construyó un ecosistema que va mucho más allá del hardware. Sony tiene el prestigio y la tecnología. La pregunta es si eso será suficiente cuando TCL tome el 51% de las decisiones.
Los primeros televisores bajo este modelo llegarán en 2027. Entonces veremos si Sony logró reinventarse como Apple, o si el nombre Bravia acabó siendo solo eso: un nombre bonito en un producto fabricado por otro.
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La noticia
Sony ha renunciado a fabricar sus televisores para poder salvarlos. A cambio, ha adoptado el modelo que Steve Jobs perfeccionó hace dos décadas
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Guille Lomener
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