
En Turquía 2025 fue el «Año de la Familia» y la década que tenemos por delante (2026-2035) será la de «la Familia y la Población». No es casualidad. Al igual que otros muchos países de Europa, Asia o América, en el Gobierno turco miran cada vez con mayor inquietud sus menguantes indicadores de natalidad. En concreto hay dos datos que preocupan al equipo de Recep Tayyip Erdoğan: el número de nacimientos lleva cayendo desde 2014, lo que ha arrastrado la tasa de fecundidad a su nivel más bajo en lo que llevamos de siglo, muy lejos de lo necesario para mantener estable la población.
El problema es que ni el «Año de la Familia» ni el resto de medidas desplegadas por Erdoğan parecen estar funcionando demasiado.
¿Qué ha pasado? Que Turquía no ha logrado esquivar el invierno demográfico que golpea a otros países del mundo, como Japón, Corea del Sur o gran parte de Europa. No se trata solo de que caiga la natalidad o que el motor demográfico del país esté dando claras muestras de haberse gripado. Lo más revelador son las iniciativas ‘pro natalidad’ y sobre todo las frecuentes declaraciones de Erdoğan animando a sus conciudadanos a tener más retoños, lo que demuestra que el tema genera cada vez más recelo en las instituciones turcas.
En marzo la ministra de Familia y Servicios Sociales, Mahinur Ozdemir Goktas, lo expresó de forma clara (y dramática) durante una entrevista: para el Ejecutivo la demografía se ha convertido en «una cuestión de supervivencia». «Nuestra fortaleza más sólida es la familia», subrayó la dirigente tras recordar que en cuestión de 27 años Turquía ha experimentado el mismo retroceso de natalidad que en otras naciones ha tardado nueve décadas.
Número de nacimientos y tasa de fecundidad total, 2001-2025.
¿Qué dicen los datos? Los últimos, publicados esta misma semana por el Instituto Turco de Estadística (TUIK), dibujan un escenario poco halagüeño.
En 2025 nacieron en Turquía 895.374 bebés, un mal dato se mire por donde se mire. Para empezar porque supone una caída del 4,78% con respecto a 2024 y la cifra más baja de toda la serie histórica divulgada por TUIK, que se remonta a 2001. Por si eso no fuera suficiente, agrava el retroceso de la conocida como ‘tasa de fecundidad total’, que lleva años alejándose de los niveles necesarios para mantener a flote la población.
¿Por qué son importantes? De todos los indicadores publicados por TUIK, probablemente la ‘tasa de fecundidad total’ es la que más preocupa a Ankara. Y es lógico. Básicamente muestra el número de hijos que, de media, se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida reproductiva (entre los 15 y 49 años).
En 2001 ese indicador se situaba en 2,38 nacimientos. Era un buen dato porque superaba con creces la tasa necesaria (2,1) para mantener estable la población del país sin necesidad de contar con otros factores, como el flujo migratorio.
El problema es que desde 2014 ese indicador ha ido retrocediendo de forma sostenida hasta quedarse en 1,77 en 2020, 1,49 en 2024 y 1,42 el año pasado. De hecho 2025 ha sido el noveno año consecutivo en el que Turquía se queda por debajo de la ‘tasa de reemplazo’, lo que significa que si no quiere perder población en el futuro necesitará la llegada de extranjeros.
Tasa de fecundidad total por provincias, 2025.
¿Puede irse más allá? Sí. El último informe de TUIK sugiere que la tendencia está lejos de frenarse. Si en 2017 el organismo registró 57 provincias con una tasa de fecundidad insuficiente para mantener estable la población, el año pasado esa lista se había disparado hasta sumar 76 territorios, la inmensa mayoría del país.
Si dividimos el país por franjas de fecundidad, asignando el rojo a los peores indicadores (una tasa inferior a 1,5) y verde a aquellos territorios con una media superior a los tres bebés por mujer, a día de hoy el mapa turco sería básicamente rojo. Solo se salvan Konya, la franja oriental y ciertos territorios del sur.
¿Tan mala es la ‘foto’? Sí. Lo que más ha crecido en los últimos años es el número de provincias situadas en la peor franja de natalidad. Si en 2017 había solo cuatro con una tasa de fecundidad inferior a 1,5, el año pasado estaban en esa situación 59 provincias. Es más, en toda Turquía únicamente hubo cinco regiones en las que en 2025 la tasa de reemplazo alcanzó (o superó) el 2,1.
En general, las mujeres turcas no solo tienen menos hijos, también los engendran más tarde. La edad media de las madres del país en el momento de dar a luz se ha disparado en los últimos años, pasando de 26,7 en 2001 a 29,4 en 2025. Hay una decena de provincias en las que de media las mujeres no tienen su primer retoño hasta casi cumplidos los 30 años. En Artvin o Estambul, sin ir más lejos, la edad media a la que las mujeres se convierten en madres es de 29 años.
¿Qué opina el Gobierno? La tasa de fecundidad de Turquía quizás lleve años en retroceso, pero aún así se mantiene por encima de la media de la UE (1,34) y desde luego de países como Italia, Polonia, Lituania, España o Malta, donde ese indicador no llega siquiera a 1,2. A pesar de eso, Erdoğan ha elevado la demografía casi a una cuestión de Estado.
En sus comparecencias públicas no ha dudado en tachar de «desastre» las bajas tasas de natalidad del país y de «traición» el control de la fecundidad. «¿Por qué no tener al menos cuatro hijos, o cinco?», reflexionaba hace poco el dirigente turco, líder de la formación conservadora AK Parti, que en otras ocasiones ya ha alertado de que la nación está viendo cómo aumenta su edad media (ronda los 34 años) y el peso de la población anciana.
¿Qué han hecho al respecto? Más allá del discurso político, su Ejecutivo ha impulsado diferentes medidas ‘pro natalidad’. En abril el Parlamento respaldó ampliar las bajas por maternidad de ocho a 16 semanas y el año pasado el propio Erdoğan anunció que el Ejecutivo aumentaría sus ayudas a las familias que tengan hijos, con el pago de 5.000 liras tras el nacimiento del primogénito.
«También estamos implementando una ayuda económica por hijo de 1.500 liras al mes para el segundo hijo y de 5.000 liras al mes para el tercero y los siguientes», avanzó. La gran pregunta es si esas medidas surtirán efecto y lograrán incentivar la natalidad turca.
¿Qué opina la gente? Eso es lo que intentó averiguar hace unos días The New York Times, que entrevistó a varios turcos para saber si tendrían más hijos o si está calando en ellos el discurso de Erdoğan. Sus conclusiones son interesantes.
Los padres con los que charló el diario se quejan sobre todo del encarecimiento de la vida (Turquía soporta una elevada inflación), lo que resta atractivo (y eficacia) a las ayuda financieras otorgadas por el Gobierno. «Solo alcanza para pañales», reconoce un hombre de 38 años, padre de cuatro hijos y que recibe unos 110 dólares mensuales por su último retoño.
Las tablas del TUIK muestran también un cambio social que va más allá de lo meramente económico: en 2025 las mujeres con educación superior registraron las tasa de fecundidad más baja (1,24).
Imágenes | LKHTK (Unsplash) y TUIK
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La noticia
Turquía parecía inmune a la caída de la natalidad. Ahora su Gobierno está desesperado porque no sabe cómo frenarla
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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