El misterio de Wall Street: la mayor crisis del petróleo no les está haciendo pestañear ni un segundo en bolsa

El misterio de Wall Street: la mayor crisis del petróleo no les está haciendo pestañear ni un segundo en bolsa

Llevamos casi un mes inmersos en lo que ya se puede catalogar como la Tercera Guerra del Golfo. Desde que a finales de febrero comenzara la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, el mundo se enfrenta a la mayor disrupción del suministro energético de su historia. Hablamos de una crisis que ha paralizado el 20% del crudo mundial, secuestrando unos 20 millones de barriles diarios que no pueden cruzar el Estrecho de Ormuz. Caída de misiles, drones incendiando infraestructuras y miles de muertos en la región.

El impás. Cualquier manual de economía básica dictaría que los mercados financieros deberían estar sumidos en el pánico más absoluto. Sin embargo, ocurre lo contrario. Basta que desde la Casa Blanca se insinúe un acercamiento o un vago alto el fuego para que la bolsa se dispare, ignorando los fundamentales físicos de una guerra en pleno apogeo. Wall Street vive en una realidad paralela: la mayor crisis del petróleo no les hace pestañear ni un segundo.

Un desplome virtual frente a una guerra real. Esta misma semana, los mercados vivieron 48 horas de una volatilidad inaudita. Como detalla Oilprice, los precios del petróleo cayeron bruscamente en la sesión asiática del miércoles, descendiendo más de un 5%. El crudo Brent, la referencia en Europa, perforó a la baja la barrera psicológica de los 100 dólares, mientras que el WTI estadounidense cayó a 87,51 dólares.

¿El motivo de este alivio? Según informa la agencia Reuters, Estados Unidos habría enviado a Irán una propuesta de paz de 15 puntos a través de intermediarios en Pakistán. El presidente estadounidense, Donald Trump, presumió ante los medios de que las negociaciones «productivas» avanzaban hacia una resolución. Las pantallas de los traders se tiñeron de verde de forma automática: el índice europeo STOXX 600 subió un 1,2% y el FTSE 100 de Londres un 1,1%. Como explicaba Amelie Derambure, de la gestora Amundi, el mercado simplemente se lanzó a comprar la idea de un relief rally (un repunte de alivio) ante la posibilidad de un alto al fuego temporal. 

Las bombas siguen cayendo. Sin embargo, no hay un alto el fuego; esto debe quedar claro. Como recoge Reuters, Ebrahim Zolfaqari, portavoz del mando militar conjunto de Irán, se dirigió públicamente en la televisión estatal a Trump con estas palabras: «¿Ha llegado el nivel de su lucha interior a la etapa de negociar consigo mismo? Nunca haremos un trato con usted». 

Al mismo tiempo, la realidad militar contradice el optimismo bursátil. El Pentágono prepara el despliegue de elementos de la 82.ª División Aerotransportada en la región, un ataque con drones acaba de golpear un tanque de combustible en el Aeropuerto Internacional de Kuwait, e Israel se muestra profundamente escéptico ante cualquier concesión que Washington pueda hacer a Teherán en las sombras.

Inversores «hechizados» por el algoritmo. Para entender esta desconexión hay que bucear en la psicología del mercado. Un análisis publicado por Fortune, Paul Donovan, economista jefe de UBS, afirma que Wall Street está «hechizado» por las buenas noticias. «Los mercados no reaccionan a la información, reaccionan generalmente a publicaciones en redes sociales y titulares, incluso si son fake news o contradictorios», señala Donovan.

Los inversores sufren un cóctel de aversión a la pérdida y sesgo de confirmación. Quieren desesperadamente que la guerra termine, por lo que abrazan cualquier historia que confirme ese deseo e ignoran las noticias negativas. A esto se suma, el fenómeno «TACO» (Trump Always Chickens Out, o «Trump siempre se acobarda»), una creencia arraigada en el parqué neoyorquino de que el inquilino de la Casa Blanca acabará reculando ante el dolor económico de un conflicto prolongado para proteger la estabilidad financiera.

La narrativa como arma de guerra. A esto se suma lo que el experto en energía Javier Blas define en su columna de Bloomberg como jawboning (intervención verbal). La Casa Blanca está ganando la batalla narrativa en los mercados sin mover un solo barril físico. Los constantes mensajes de Trump en Truth Social prometiendo una rápida resolución —e incluso levantando las sanciones a países como Rusia para inundar el mercado— han logrado frenar el pánico. Blas lo resume a la perfección: «En lugar de ser un signo de debilidad, el TACO está jugando a favor de Trump. Nadie sabe con certeza cuándo o si intentará poner fin a la guerra, lo que ha sido suficiente para evitar que los traders disparen el precio del petróleo».

La desesperación por aferrarse a cualquier titular positivo es tal que genera episodios de extrema volatilidad y caos informativo. El Financial Times relató en su cobertura cómo el crudo sufrió vaivenes salvajes (el Brent cayó un 11% para rebotar poco después) tras un tuit del Secretario de Energía de EEUU, Chris Wright, afirmando que la Marina ya escoltaba petroleros por Ormuz. El mensaje fue borrado minutos después y desmentido por la propia Casa Blanca, pero el efecto en los algoritmos ya se había producido.

El baño de realidad física. Mientras Wall Street juega a adivinar los próximos tuits del Despacho Oval, la realidad física del petróleo es testaruda. Un reportaje de Bloomberg pone el dedo en la llaga: el mercado físico continúa lidiando con la escasez, y la guerra ha demostrado el control absoluto que Irán ejerce sobre el Estrecho de Ormuz. Aunque Teherán comunicó a la Organización Marítima Internacional que los buques «no hostiles» pueden transitar, la vía sigue efectivamente cerrada y circulan informes sobre la presencia de docenas de minas navales iraníes en la zona.

Las matemáticas del desastre, detalladas por Reuters, son escalofriantes. Tras 25 días de conflicto, el mundo ha dejado de recibir 500 millones de barriles (el equivalente a cinco días completos de suministro global). La desesperación logística es tal que Arabia Saudí ha disparado sus exportaciones desde el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, para esquivar Ormuz. Para agravar la crisis, Rusia ha suspendido las cargas en sus puertos bálticos tras un feroz ataque con drones ucranianos, añadiendo más incertidumbre al mercado global.

Larry Fink, CEO de la gestora BlackRock, lo resumió de forma tajante en declaraciones a la BBC: «Si Irán sigue siendo una amenaza para Ormuz y el petróleo se asienta entre los 100 y 150 dólares por barril, tendremos una recesión global».

Daños colaterales. El caos narrativo ha alcanzado incluso al oro, que ha perdido su estatus de protección. Según Financial Times, el precio del metal precioso se ha desplomado un 16% desde el inicio de los bombardeos, borrando sus ganancias del año. No es optimismo; es supervivencia. Las instituciones financieras están liquidando sus posiciones en oro para cubrir las llamadas de margen (margin calls) provocadas por sus pérdidas masivas en otros activos. Además, las perspectivas de una alta inflación impulsada por la energía sugieren que los bancos centrales mantendrán altas las tasas de interés, lo que resta atractivo al oro.

Por otro lado, el mercado de bonos soberanos refleja la tensión subyacente que la bolsa de acciones prefiere ignorar. Robert Armstrong, columnista de la newsletter Unhedged del Financial Times, explica que los rendimientos de los bonos a largo plazo están subiendo significativamente porque la «prima por plazo» está aumentando. Los inversores temen que el choque de oferta aumente la inflación y frene el crecimiento a la vez. De hecho, responsables de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria del Reino Unido ya han advertido de que la inflación británica podría dispararse al 3% si los precios del crudo se estancan en los niveles actuales.

El reloj de arena físico. Las bolsas del mundo celebran caídas temporales del precio del crudo basadas en la esperanza que emana de Washington. Pero la intervención verbal tiene fecha de caducidad. Como advierte Javier Blas en Bloomberg: «Antes o después, los mensajes del presidente dejarán de funcionar».

Si la guerra continúa y no se alcanza un alto el fuego real en las próximas semanas, la escasez física de petróleo que ya asoma en Asia se extenderá a Europa y América de forma inevitable. Los discursos pueden calmar a los algoritmos y maquillar las cotizaciones durante un tiempo, pero cuando los tanques de las refinerías se queden vacíos y los barcos sigan sin cruzar Ormuz, la realidad golpeará de frente. Wall Street puede permitirse ignorar los misiles cerrando los ojos por un instante; pero la economía mundial no se mueve con tuits, se mueve con barriles de petróleo. Y esos, de momento, siguen anclados en el Golfo.

Imagen | Wall Street (CC BY SA 4.0)

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El misterio de Wall Street: la mayor crisis del petróleo no les está haciendo pestañear ni un segundo en bolsa

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Alba Otero

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