
Un misil balístico puede alcanzar velocidades superiores a Mach 10 y recorrer miles de kilómetros en menos de media hora, saliendo incluso de la atmósfera antes de volver a caer hacia su objetivo. Esa combinación de velocidad y altura es lo que ha convertido este tipo de armas en uno de los pilares de la estrategia militar desde mediados del siglo XX.
Europa entra en el mapa. Irán cruzó hace unos días una línea que llevaba años siendo teórica. El lanzamiento de misiles hacia Diego García, a unos 4.000 kilómetros de distancia, no solo fue un movimiento militar, fue un mensaje estratégico en toda regla.
Esa distancia equivale aproximadamente a la que separa Irán de muchas capitales europeas. Por primera vez, el alcance ha dejado de ser una hipótesis y pasa a ser algo demostrado en combate. Porque aunque los misiles fallaron, el gesto cambia el tablero, y Europa ya no está fuera del alcance potencial del conflicto.
Qué ocurrió realmente. Irán disparó dos misiles de largo alcance hacia una base conjunta de Estados Unidos y Reino Unido en el Índico. Uno falló durante el vuelo y el otro fue interceptado por defensas estadounidenses.
El ataque no logró el impacto deseado, pero sí evidenció una capacidad que hasta ahora no se había mostrado de forma clara. No es tanto el resultado lo que importa en este caso, sino el hecho de que Irán decidió usar ese tipo de armamento. Dicho de otra forma, el paso indica un cambio en su estrategia y en su disposición a escalar el conflicto.
El salto a los 4.000 km. Hasta ahora, Irán había defendido que limitaba el alcance de sus misiles a unos 2.000 kilómetros, un rango que cubría Oriente Medio, pero dejaba fuera a Europa occidental. Sin embargo, el intento de ataque sugiere que puede operar en distancias mucho mayores, cercanas a los 4.000 kilómetros.
Esa cifra coloca dentro de su radio potencial a ciudades, por ejemplo, como Londres o París. También a buena parte del sur de Europa, incluida España en determinados escenarios. La clave no es si puede hacerlo con precisión. Es que la distancia ya no es un límite claro.
Diego García
Cómo funcionan estos misiles. Los misiles balísticos siguen una trayectoria en arco tras ser lanzados por un cohete. Cuanto mayor es el alcance, mayor debe ser el tamaño del cohete y más complejos son los problemas técnicos. La razón: aumentan las vibraciones, el calor en la reentrada y los errores de navegación.
Hay “trucos”, por ejemplo, para ganar distancia se puede reducir el peso de la carga explosiva, pero eso limita su capacidad destructiva. Además, la precisión empeora cuanto más largo es el vuelo. Por eso, alcanzar un objetivo lejano no es lo mismo que hacerlo con eficacia militar real.
Más psicológico que operativo. Los propios resultados del ataque apuntan a sus límites. Solo se lanzaron dos misiles, y uno falló y el otro fue interceptado. Esto sugiere, a priori, que Irán no dispone de grandes cantidades de este tipo de armamento ni de una fiabilidad alta a estas distancias.
Además, los sistemas de defensa occidentales están diseñados precisamente para interceptar este tipo de amenazas. En un escenario real, los misiles serían pocos, poco precisos y enfrentados a defensas avanzadas. El impacto militar sería limitado, mientras que el político, en cambio, sería mucho mayor.
Europa, con España, dentro del cálculo. Si se quiere también, el cambio importante no es técnico, sino más bien estratégico. Hasta ahora, Europa observaba el conflicto como algo muy lejano. Con este movimiento, entra dentro del cálculo de alcance, aunque el riesgo inmediato sea bajo, porque el hecho de estar dentro del radio potencial cambia la percepción de seguridad.
En ese sentido, España, por su posición geográfica, queda en el extremo de ese alcance teórico. No es un objetivo inmediato, ni mucho menos probable. Pero deja de estar fuera del mapa. Y eso, en términos estratégicos, ya es un cambio relevante.
El mensaje en plena guerra. En definitiva, todo apunta a que el objetivo principal del lanzamiento no era tanto destruir la base, sino enviar una señal. Demostrar capacidad, sorprender a sus adversarios y aumentar la presión internacional.
En un momento en el que Irán está bajo fuerte presión militar y económica, mostrar que puede ampliar el conflicto es una forma de disuasión brutal. También un mensaje hacia Estados Unidos, hacia sus aliados y hacia toda Europa. Y como en muchas fases de la guerra, el efecto psicológico puede ser incluso más importante que el resultado material.
Imagen | Ballistic Missile, Google Earth
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La noticia
Irán ha enviado un mensaje con un misil balístico a 4.000 km de distancia: Europa está a su alcance, incluida España
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Xataka
por
Miguel Jorge
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