Tenía muchas ganas de ponerle las manos encima al MacBook Neo. No solo porque sea el Mac más barato que ha lanzado Apple en años, sino porque 699 euros es un precio que hasta hace poco era directamente imposible imaginar con una manzana en la tapa. Cuando por fin lo tienes delante, lo primero que te confirma que sí, que esto es un Mac de verdad, es la construcción. El aluminio, el peso, la forma en la que se abre. No hay concesión ahí. Se siente exactamente igual que cualquier otro portátil de Apple.
Pero claro, ese precio tiene que salir de algún sitio. Apple ha tenido que ir recortando en algunas cosas para llegar hasta aquí, y una de las que más me ha sorprendido ha sido el trackpad. Y digo que me ha sorprendido porque yo soy muy de trackpad: no uso ratón, trabajo exclusivamente con él, y en casa tengo además el Magic Trackpad grande para el sobremesa. El trackpad de un Mac no es un detalle menor para mí. Es lo que toco constantemente.
Un poco de historia del TrackPad
Para entender por qué este trackpad llama la atención hay que recordar lo que Apple lleva haciendo desde 2015. Con el MacBook de 12 pulgadas, la compañía introdujo el Force Touch: un trackpad que no se mueve físicamente. Bajo la superficie, el Taptic Engine genera una vibración tan precisa que el cerebro la interpreta como un clic real. No baja nada, no sube nada. Es una ilusión táctil, y encima es configurable: puedes hacer un clic suave o uno fuerte y el Mac los distingue y responde de forma diferente.
Con el tiempo esa tecnología fue llegando a toda la gama. El MacBook Pro la adoptó en 2015, el MacBook Air en su rediseño de 2018. Desde entonces, cualquier Mac portátil nuevo venía con Force Touch.

Interior de un Trackpad Force Touch
El retorno al MacBook Air de 2017
Lo primero que notas al tocarlo es que el trackpad hace clic de verdad. Como los de antes. Al presionarlo con el Mac apagado y escuchas ese «taca» mecánico que llevábamos casi una década sin oír en un portátil de Apple. Tiene una bisagra, baja físicamente cuando lo pulsas, y sin corriente no hay Taptic Engine que simule nada.
El último MacBook Air con trackpad así fue el modelo de 2017, el que todavía lucía ese diseño en cuña con el marco plateado. Ese portátil se quedó congelado mientras el resto de la gama avanzaba, y cuando llegó el rediseño de 2018 el trackpad mecánico desapareció. Hasta ahora.
Casi una década después, el MacBook Neo lo recupera, no como una decisión de diseño con argumento detrás, sino como lo que es: una forma de reducir costes. Y se nota en el uso. La sensación es más brusca, el punto de activación menos preciso, y hay una tosquedad en el tacto que los usuarios acostumbrados al Force Touch van a notar de inmediato. No funciona mal, funciona diferente. Y diferente aquí significa menos refinado. Para quien lleva años con un Mac moderno, es un viaje al pasado que no había pedido.
En el vídeo que acompaña este artículo podrás ver y escuchar la diferencia entre el trackpad del MacBook Neo y un MacBook Pro.
Pero espera: ¿a quién le importa esto?
Aquí es donde la historia gira de forma interesante. Porque el MacBook Neo no está pensado para quien viene de un MacBook Pro M4 o de un MacBook Air con Force Touch. Ese usuario ya tiene su Mac. El Neo existe para otra persona.
Hay que pensar en en quien lleva trabajando desde hace muchos años con un MacBook Pro que ya no aguanta la batería y cuyas aplicaciones empiezan a quedarse sin soporte. O en el estudiante que hasta ahora tiraba con un iPad base más teclado y que descubre que ese combo le sale incluso más caro que un Mac con macOS completo. En quien lleva años con un portátil Windows mirando de reojo al ecosistema Apple sin encontrar nunca el precio adecuado para dar el salto.

Para ninguno de ellos el trackpad del MacBook Neo es un paso atrás. Es el mejor trackpad que han tocado en su vida. Eso incluye, sin excepción, cualquier portátil Windows. El seguimiento, la respuesta a los gestos, la precisión del cursor: todo eso sigue siendo excepcional. Apple no ha bajado la guardia en lo que el trackpad hace, solo en cómo lo hace por dentro.
La estrategia detrás del «taca»
No es la primera vez que Apple hace algo así. Cuando lanzó el iPhone 16e o el iPhone 17e, metió el mismo chip que el modelo tope de gama dentro de un cuerpo ya conocido. El resultado fue un producto que destrozaba a la competencia en rendimiento pero que, para quienes venían del iPhone 15 en adelante, parecía un retroceso en diseño. La clave es que no iba dirigido a ellos.
Con el MacBook Neo pasa algo muy parecido. Apple ha elegido con cuidado dónde recortar: trackpad mecánico, teclado sin retroiluminación, puerto USB-C inferior con velocidades de USB 2, cámara sin Center Stage. Son concesiones que duelen específicamente a los usuarios que ya conocen lo que se están perdiendo. Para el resto, el Neo sigue siendo un portátil con construcción de aluminio impecable, una pantalla Retina que no tiene nada que envidiar al MacBook Air, sonido con Dolby Atmos que sorprende para el precio que tiene y un chip A18 Pro que en rendimiento de núcleo único se mueve cerca de un M3.
Comparado con cualquier portátil Windows en su rango de precio, el MacBook Neo no tiene rival. Eso no ha cambiado. Lo único que ha cambiado es que ahora hay una pequeña cicatriz en el trackpad que solo duele si ya sabes lo que te estás perdiendo.
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La noticia
El trackpad del MacBook Neo es un duro viaje al pasado para los veteranos. La jugada de Apple es que sus verdaderos compradores vienen de fuera
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Guille Lomener
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