
En 2019, Bandai Namco sorprendió al lanzar un juego que quería, al menos en intención, mirar de frente a From Software. Se trató de un RPG de acción inspirado en Dark Souls que lleva por nombre Code Vein, una entrega que abrazaba sin pudor las estructuras del género soulslike, pero las reinterpretaba con una estética de anime, vampiros trágicos y un sistema de compañeros que suavizaba la dureza del viaje.
Aquel juego, pese a chispazos y buenos momentos, fue víctima de sus inconsistencias tanto técnicas como narrativas y quedó como una opción poco frecuente dentro de uno de los subgéneros más nutridos y competidos de la industria.
Casi 7 años después, Bandai Namco hace renacer la saga, como pasa con los protagonistas de este juego, con Code Vein II. En esencia repite la fórmula, pero con las experiencias y el conocimiento que solo dan los tropiezos, busca pulirla, expandirla y llevarla a un terreno más ambicioso, con un mundo abierto, una narrativa que juega con viajes en el tiempo y un sistema de combate todavía más profundo. La pregunta es inevitable: en un mundo saturado de soulslike, ¿tiene sentido volver a recorrer este camino?
Bandidos del tiempo y cazadores renacidos
Code Vein 2 te pone de nuevo en la piel de un Cazador Renacido, un guerrero que existe en la frontera entre la vida y la muerte, impulsado por sangre, icor y una voluntad que parece no extinguirse. Como en el primer juego, todo nace desde un creador de personajes, un sistema detallado en el que puedes pasar horas ajustando peinados, ojos brillantes y combinaciones de rasgos hasta crear una versión idealizada o delirante de ti mismo, o incluso una réplica de algún personaje de ficción que adores. Es una puerta de entrada al tono del juego: exagerado, estilizado, que muestra su estilo de anime con orgullo.
Pero una vez que abandonas ese espejo, el mundo de Code Vein II se revela como un campo de pruebas implacable. El bucle central sigue siendo el mismo: recorres mazmorras, enfrentas enemigos, acumulas recursos y finalmente chocas contra un jefe que parece diseñado para recordarte tu fragilidad una y otra vez. Aquí, como en todo buen soulslike, se trata de paciencia y aprendizaje, de leer patrones, de entender cuándo atacar y cuándo retroceder. Es una danza violenta, y el juego exige que la bailes con precisión.
La profundidad del sistema de personalización es uno de los pilares del juego. Los Códigos de Sangre funcionan como clases intercambiables que alteran tus estadísticas y estilo de juego. Las Formas de Combate actúan como habilidades activas que consumen icor (energia), mientras que las Jaulas son movimientos especiales devastadores, diseñados para cambiar el rumbo de una batalla en un instante. A esto se suman opciones defensivas, pasivas, armas y un abanico de posibilidades que convierte cada combate en una especie de rompecabezas táctico.
Un sistema de clases y habilidades tácticas que transforma cada combate en rompecabezas.
Bandai Namco no se limitó a copiar y pegar la base de Code Vein de 2019 y una clara muestra de ello está en las armas y el sistema de combate. Las nuevas Rune Blades, por ejemplo,son una bendición en un juego como este gracias a su daño, alcance y utilidad. A esto se suma una versión mucho más precisa de la bayoneta, que deja de ser un arma situacional para convertirse en una opción real de control de distancia, ideal para enfrentar enemigos grandes o grupos sin quedar expuesto.Incluso me he animado a enfrentar a un par de jefes finales con la bayoneta. El resultado es un sistema que ya no se siente rígido ni limitado, sino más cercano a una caja de herramientas en constante expansión, donde cada jugador puede encontrar su propia manera de sobrevivir.
Al mismo tiempo, el esqueleto soulslike sigue ahí: el ciclo de recolectar puntos de experiencia luchando contra enemigos, invertirlo en subir de nivel o mejorar tu equipo y arriesgarlo todo cada vez que cruzas una nueva zona mantiene esa tensión que define al género. Los puntos de descanso y teletransporte siguen siendo pequeños oasis en medio del caos, y la clásica carrera de cadáveres que define al género, una vez que mueres vuelves al último punto de control y se pierden todos los puntos de experiencia (puedes volver por ellos en el lugar de tu muerte).
Una de las novedades más interesantes respecto a su antecesor es la mecánica de Carga. Puedes equipar lo que quieras, pero si tus estadísticas no están alineadas con el equipo, entrarás en sobrecarga y recibirás penalizaciones. Es una idea elegante: te invita a experimentar, pero también te castiga si fuerzas combinaciones que tu personaje no puede manejar. En algunos casos, incluso hay Códigos de Sangre que sacan provecho de esa sobrecarga, transformando una desventaja en un arma. Es un sistema que refuerza la filosofía central del juego: no existe una sola forma correcta de jugar, pero sí muchas formas de fallar.
Compañeros, resurrecciones y un mundo en ruinas
Uno de los rasgos que siempre distinguió a Code Vein de otros Soulslike fue su sistema de compañeros controlados por IA, y la secuela lo lleva más lejos. Personajes como Josee o Lou luchan a tu lado y pueden atraer la atención de los enemigos, curarte o incluso sacrificarse para devolverte a la vida si caes en combate. Esta mecánica de “segundo aire” hace que muchas peleas contra jefes sean menos frustrantes, reduciendo la sensación de injusticia que a veces define al género. Aunque sí, los más devotos y puristas del género sentirán esto como una indulgencia que hace que se pierda una buena parte del desafío.
Pero es aquí entra un matiz interesante: tú decides cuánto quieres depender de esa ayuda. Puedes asimilar a tu compañero para jugar en solitario, tomando sus habilidades y aceptando la experiencia soulslike en su forma más pura, o puedes enviarlo al campo de batalla contigo, convirtiendo cada enfrentamiento en una coreografía de dos cuerpos contra un enemigo que parece un titán. El juego, en lugar de imponerte una dificultad fija, te da herramientas para modularla. ¿Quieres sentirte como un héroe solitario en un mundo cruel? Puedes hacerlo. ¿Prefieres una aventura compartida, con momentos de rescate y apoyo mutuo? También está ahí.
Ahora, debemos decir que la gran apuesta de Bandai Namco con Code Vein II es su mundo abierto. Ciudades hundidas, bosques mágicos, tierras baldías con bases militares y paisajes postapocalípticos se despliegan ante ti como un mosaico de ruinas. Es un escenario hermoso y roto a la vez.
Podemos decir que estamos ante un diseño artístico que podrá gustar más o menos, pero al cual no se le puede escatimar la identidad. Eso sí, no todo es perfecto. En PlayStation 5, los segmentos de mundo abierto sufren problemas de rendimiento, con caídas de fotogramas y fallos gráficos que rompen la inmersión. Cambiar entre modo Rendimiento y modo Gráfico no parece marcar una diferencia significativa, y en algunos momentos el juego se siente como si estuviera luchando contra su propio motor.
La moto que usas para desplazarte es una buena idea, pero no alcanza la fluidez de otras monturas famosas del género. Funciona en carreteras rectas, pero en terrenos más irregulares se siente torpe, como un caballo mecánico que todavía no aprende a galopar. Aparte es extremadamente lenta y no aporta esa sensación de libertad, adrenalina y velocidad que uno esperaría.
El tiempo es una herida abierta
La narrativa de Code Vein II se apoya en una idea sugerente: vampiros que viajan en el tiempo. Lou, una Renacida con la capacidad de manipular el pasado, te permite regresar a momentos clave para intentar corregir errores que han condenado al presente. El mundo actual está devastado por el Resurgimiento, un fenómeno que convierte a humanos y espectros en monstruos, y tu misión es eliminar, o redimir, a los héroes responsables de esa catástrofe.
Vampiros desafían al universo reescribiendo un pasado condenado para salvar el futuro.
Aquí el juego juega con una idea clásica de la ciencia ficción: ¿es moralmente correcto alterar el pasado para salvar el futuro? Aunque la narrativa parece inclinarse hacia el “sí”, no deja de presentar guardianes, monstruos y obstáculos que simbolizan la resistencia del tiempo a ser manipulado. Es como si el propio universo se defendiera de tus intentos de reescribirlo.
Las historias de personajes como Lyle, Holly o Josee se despliegan poco a poco, a través de escenas, combates y secuencias de “insurgencia” que funcionan casi como viñetas melancólicas. Son momentos más lentos, acompañados de música triste, donde el juego baja el ritmo y te invita a sentir el peso de las tragedias personales que se esconden detrás del caos global.
En ese aspecto, el juego muestra toda su fibra de JRPG, con historias emotivas y reflexiones capaces de atormentar al protagonista. Y si bien muchas de estas historias no se presentan con la sutileza que al menos en lo personal me gustaría, terminan por ser efectivas dentro del mundo que habitan. Es un cuento que tarda en engancharte, pero una vez que lo hace, te arrastra hasta el final.
¿Vale la pena?
A pesar de sus problemas técnicos, Code Vein II es una mejora clara respecto al primer juego. Es más ambicioso, complejo y, en muchos aspectos, más valiente. Conserva la brutalidad del género soulslike, pero la envuelve en una estética anime y una narrativa melodramática que no pide disculpas por lo que es.
No es un juego perfecto. Algunas partes del mundo abierto parecen añadidas con prisa, y el rendimiento empaña una experiencia que, por diseño, quiere ser épica. Pero debajo de esas costuras visibles hay un RPG robusto, lleno de sistemas, decisiones y momentos memorables.
¿Qué si vale la pena? Bueno, la respuesta es sí para quienes buscan un soulslike que no solo quiera castigarte, sino también acompañarte, ofrecerte alternativas y dejarte definir tu propia forma de enfrentar el desastre, pero para quienes buscan una experiencia técnicamente pulida, visualmente demoledora y revolucionaria dentro de un género que a veces da la sensación de haberlo contado todo, quizá Code Vein 2 no es lo que necesitas.
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La noticia
Juego tipo soulslike de vampiros estilo anime que aprendió de los errores de su predecesor. Reseña de Code Vein II
fue publicada originalmente en
3DJuegos LATAM
por
Ayax Bellido
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