EEUU prepara un nuevo radar para Groenlandia con un objetivo: vigilar cada movimiento de Rusia y China en el Ártico

EEUU prepara un nuevo radar para Groenlandia con un objetivo: vigilar cada movimiento de Rusia y China en el Ártico

La Segunda Guerra Mundial primero y la Guerra Fría después convirtieron Groenlandia en una magnífica plataforma de vigilancia perteneciente a Dinamarca pero otorgándole a Estados Unidos un pase VIP que ahora quiere conmutar por una anexión. Porque ese pedazo de tierra helada (cada vez menos) tiene tierras raras, pero lo más goloso siempre ha sido su ubicación estratégica.

Los viejos radares no son suficientes. El deshielo de Groenlandia ha abierto nuevas rutas marítimas que Rusia y China han recibido con los brazos abiertos por las ventajas que ofrece frente a los trayectos tradicionales. De las 15 bases militares que EEUU tenía en Groenlandia en 1945, ahora solo le queda una: la base aérea de Pituffik o de Thule. Y un problema: unos sistemas anticuados e insuficientes para monitorizar lo que sucede allí, como reconoció el Pentágono primero y el Mitchell Institute for Aerospace Studies después. 

Así que se han puesto manos a la obra para solucionarlo: la agencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos responsable del desarrollo de tecnologías de vanguardia para uso militar (DARPA) ha solicitado una nueva tecnología recogida en Frosty. Este programa tiene como objetivo desarrollar nuevos radares que operen de forma fiable en el duro entorno del Ártico. La DARPA busca propuestas capaces de detectar objetivos aéreos a al menos 75 kilómetros de distancia con una probabilidad de detección superior al 90%.

La codiciada nueva «ruta de la seda» polar. La puesta en marcha de este nuevo radar es importante porque supondría tener un auténtico vigía en el Ártico y en la nueva ruta que ha aparecido para que las grandes potencias mundiales saquen tajada en lo comercial y lo militar.

El desafío técnico de estar tan al norte. Las auroras boreales son muy bonitas, pero generan una enorme cantidad de ruido electromagnético cuando se producen. Como además las líneas de campo magnético de la Tierra convergen en el Polo Norte, la ionosfera es inestable, generando un centelleo que corrompe la señal GPS y la absorción en el casquete polar. En resumen, los radares convencionales no solo se quedan cortos, sino que a veces también se quedan ciegos. 

La lista de deseos de DARPA. Lo que la agencia estadounidense quiere es esencialmente transformar el caos electromagnético del Ártico en una herramienta de detección con un cerebro en forma de software de procesamiento con algoritmos avanzados que «filtren» dinámicamente las interferencias de las tormentas geomagnéticas para aislar así las potenciales amenazas. Además, no sería una única antena gigante, sino una malla de nodos móviles pequeños que comparten datos para triangular objetivos. Estos son los radares que solicita:

Para cuándo. Como marca su hoja de ruta, el 30 de enero terminaba la recepción de propuestas de la industria para la licitación y los próximos 18 meses se centrarán en el desarrollo de algoritmos, la implementación offline y las pruebas de laboratorio. Entre 2027 y 2028 se llevaría a cabo la integración del software en hardware real, con pruebas de campo en Point Barrow y Poker Flat, Alaska. Así pues, para ver en acción esta nueva y ambiciosa red de radares habrá que esperar hasta 2028.

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Portada | JoAnne Castagna / U.S. Army Corps of Engineers (Dominio público)


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Eva R. de Luis

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