Es fácil escuchar en esta sociedad la frase «estoy muy estresado» debido a que cada vez tenemos más exigencias encima en el ámbito laboral o personal, y la verdad es que es algo que poco a poco se usa como «muletilla» para asociarlo al cansancio mental o a la falta de tiempo. Sin embargo, la realidad es que el gran efecto que tiene el estrés en nuestro cuerpo está generando problemas físicos muy relevantes que pueden alterarnos a largo plazo.
Su efecto. El sistema inmunitario es una parte fundamental de nuestro organismo que nos defiende contra microorganismos, pero incluso también contra células que no siguen una división natural y que, sin este control, pueden seguir adelante generando un cáncer. Es por ello que cuidarlo es fundamental, y el estrés constante es uno de sus peores enemigos al disminuir su capacidad de actuar.
No hay que demonizar. Para entender el daño, primero hay que ser justos con el estrés, ya que lógicamente hay situaciones donde hay que tener estrés para poder seguir con vida, y sin ese ‘estrés’ literalmente nuestra especie estaría extinta desde hace mucho. Y para entenderlo, si ‘viajamos’ miles de años atrás, si un león perseguía a un humano, el cuerpo liberaba adrenalina y cortisol, preparando al sistema inmune para posibles heridas y potenciando las defensas a corto plazo. El problema de la vida moderna es que el «león» ya no es un depredador puntual, sino la hipoteca, el trabajo o la ansiedad constante.
Pero es un problema. Cuando el estrés se vuelve crónico, se convierte en un veneno para el organismo, ya que, según diferentes artículos, el estado de alerta perpetuo sobreestimula el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y el sistema nervioso simpático. Aquí el resultado es una elevación sostenida de cortisol que, paradójicamente, termina causando «resistencia a los glucocorticoides», que son las moléculas que naturalmente se producen para reducir la inflamación.
Entonces, el cuerpo se inunda de hormonas del estrés, pero tus células dejan de responder adecuadamente a ellas para frenar la inflamación. Y como ya hemos visto en muchas ocasiones, la inflamación a largo plazo trae más problemas que beneficios.
Las defensas. La disfunción inmunitaria provocada por este estado crónico está perfectamente documentada. Un ejemplo está en el clásico estudio de Cohen que ya trazó los mecanismos fisiológicos que nos hacen más vulnerables a las infecciones, pero estudios experimentales y revisiones de 2025 nos dan una radiografía celular exacta de lo que perdemos.
Entre los ejemplos que destacan, tenemos una reducción drástica de las células NK que son nuestra primera línea de defensa contra virus y células tumorales. Además, tanto los linfocitos T (que son células fundamentales del sistema inmunitario) como los linfocitos B ven mermada su capacidad de respuesta, haciendo que no puedan ‘destruir’ microorganismos que entren en nuestro cuerpo. Pero por si fuera poco, el estrés crónico envejece el sistema inmunológico antes de tiempo.
En un bucle. Quizás el descubrimiento más fascinante al que apunta la ciencia es la conexión entre el sistema inmune y la salud mental a través de la neuroinflamación. Aquí el estrés crónico literalmente está desgastando al cuerpo por estar adaptándose continuamente, haciendo que se disparen las proteínas relacionadas con la inflamación que pueden viajar al cerebro y activar la microglía, que es el sistema de ‘defensa’ del sistema nervioso.
¿El resultado? Un entorno neuroinflamatorio que está directamente vinculado con el desarrollo de depresión y trastornos de ansiedad. Y lógicamente, si tenemos ansiedad, el estrés va a seguir aumentando, provocando que se liberen más proteínas inflamatorias que seguirán afectando al cerebro.
No es para siempre. Aquí la ciencia apunta a que el daño que genera el estrés no es perpetuo, sino que se puede dar marcha atrás en cualquier momento a través de intervenciones psicológicas enfocadas en la reducción del estrés, así como el ejercicio físico regular. Esto ha demostrado que se puede reducir la inflamación crónica y restaurar la función normal de las células del sistema inmunitario.
Es por ello que ahora el descanso y la salud mental no hay que verlos como un lujo, sino que hay que empezar a verlos como un escudo biológico importante que nos puede alargar mucho la vida si logramos tenerlo bajo control.
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La noticia
El estrés fue diseñado por la evolución para salvarte la vida. El estrés crónico moderno te la está quitando
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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